
El consumo de vino en Argentina cerró 2024 en su nivel más bajo desde que existen registros, al ubicarse en 15,7 litros per cápita, lo que confirma una tendencia sostenida de caída que se profundiza desde hace al menos dos décadas.
Los datos surgen del último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que señala que, si bien en diciembre se registró una suba interanual del 9,6%, el repunte no logró compensar el promedio anual. En términos globales, el consumo cayó un 2,7% respecto de 2023, convirtiéndose en el peor desempeño desde 2005, año en que comenzó la serie estadística.
Un diciembre en alza que no alcanzó
Durante el último mes del año se comercializaron 644.104 hectolitros, impulsados principalmente por los vinos sin mención varietal, que concentraron el 68,1% del volumen total y crecieron 7,1% interanual, según detalla el reporte oficial del INV.
Sin embargo, en el acumulado enero-diciembre, la comercialización total para el mercado interno fue de 7.459.900 hectolitros, lo que representó una baja del 2,7% en comparación con el año anterior.
Caídas por segmento y una sola excepción
El informe detalla que, en el balance anual, los vinos sin mención varietal retrocedieron 5,2%, mientras que los espumosos cayeron 5,1%. La única excepción fueron los vinos varietales, que mostraron un crecimiento del 3,4%.
Por tipo, los vinos blancos registraron una baja del 8,8%, mientras que los vinos color descendieron apenas 0,4% en el transcurso del año.
Una tendencia que se consolida
Los números confirman una tendencia estructural a la baja del consumo de vino en el mercado interno argentino. En 2015, el consumo per cápita era de 29,2 litros, casi el doble del nivel actual. El descenso se acentuó a partir de 2008, con oscilaciones anuales que nunca lograron revertir el proceso.
En los últimos años, la caída fue sostenida: 21,8 litros en 2022, 16,7 en 2023 y 16,3 en 2024, hasta alcanzar ahora el piso histórico.
Según datos de la Corporación Vitivinícola Argentina, el consumo interno sostiene entre el 70% y el 75% de la actividad del sector, por lo que la retracción del mercado doméstico representa un desafío central para la industria vitivinícola, que enfrenta cambios profundos en los hábitos de consumo y en el contexto económico general.

















