Casi dos décadas después de que se constituyeran en un problema real y de casi imposible solución, los loros barranqueros podrían dejar de ser una problemática en el distrito de Villarino. Una prueba piloto desarrollada hace algunos días arrojó resultados positivos, generando esperanza en miles de vecinos que —a la fuerza— habían debido acostumbrarse a convivir con ruidos constantes, cortes de servicios y desechos de estos animales por doquier.
El foco de esta cuestión, el sitio que se referenciaba como el corazón del problema, era la localidad de Hilario Ascasubi. Ya sin un hábitat natural debido al desmonte y la tala indiscriminada —ya fuera permitida o no por las autoridades de turno—, las aves se habían visto obligadas a buscar nuevos sitios para anidar. Y en esa población, diariamente miles de estos animales poblaban los cables aéreos buscando comida, refugio y calor.
Por supuesto, como era de esperarse, no quedaron solamente allí. Localidades más cercanas como Pedro Luro y Mayor Buratovich rápidamente cayeron ante la marea verde; Médanos, del otro lado del distrito y un poco más alejada, no tardaría en sumarse al listado. Las quejas y las pérdidas millonarias se multiplicaban, la cuestión sanitaria comenzaba a generar preocupación y el ruido al atardecer era imposible de soportar.
Desde el Estado, las respuestas no llegaban; más bien todo lo contrario. Al tratarse de una especie protegida y en peligro de extinción, los loros no podían tocarse ni, mucho menos, matarse. Cualquier parecido con la realidad bahiense puede parecer ficción, pero desde la Provincia hasta se acercó la idea de hacer un censo de estas aves. En Ascasubi llegaron a 50.000 en un solo día y pararon de contar. Había más de un millar de loros por cada habitante de la localidad.
Números aparte, se sacaron fotos, se filmaron videos, se escribieron notas, se elevaron pedidos, se votó a favor de cuanta idea apareciera y se advirtió respecto de los peligros sanitarios que la situación generaba, pero no hubo caso: había que encontrar una solución que no atentara contra la vida de estos animales. A lo largo de los años se probó con rayos láser, ruidos molestos, detonaciones y todo lo que se les pudiera ocurrir, pero las soluciones —si funcionaban— eran efímeras: a los pocos días, los loros volvían para quedarse nuevamente.
La respuesta llegó desde Alemania. Cuando ya parecía que serían las aves las que terminarían provocando que los humanos dejaran sus hogares, un profesor universitario acercó una idea: ¿por qué no usar sonidos de predadores para espantar a los loros? La solución parecía tan simple que casi era irrisorio que no se le hubiera ocurrido a nadie. Después de distintas etapas de prueba y error, de modificaciones en las velocidades e intensidad del sonido, y de búsquedas y más búsquedas en internet, finalmente se dio con el audio correspondiente en la red.
El resultado terminó siendo un archivo de audio que combina sonidos de aves rapaces nocturnas, como búhos y halcones, por ejemplo, repetido hasta el infinito en las horas en las que los loros comienzan a reposar en cuanto cable encuentren. El ruido es ensordecedor y molesta a pocos y extraños, pero los resultados han sido más que positivos.
«El resultado es un éxito —resumen desde la comuna de Villarino—. Por primera vez en todos estos años, es la primera vez que damos con un proyecto exitoso y viable, y que es autorizado por la Provincia para el manejo del loro barranquero».
Después de esta primera experiencia, que se ejecutó hace semanas nada más, llegará una segunda parte —también en Ascasubi— como una suerte de refuerzo. Luego, el proyecto se adaptará a otras poblaciones del distrito que sufren el mismo problema, ajustado a cada una de ellas. Por supuesto, más allá de los loros, también se tendrá en cuenta que este sistema no afecte a otras poblaciones de aves que habitan en la zona. El resultado será testeado y avalado por personal del área de Biología de la Universidad Nacional del Sur.
«El sistema induce pánico en la población de loros con el sonido y, con su uso, se los termina conduciendo fuera de la población. Por el momento es un éxito», reconocen.
Más allá de tratarse de una prueba piloto, desde la comuna también advierten que a partir de estos resultados positivos surgen otros cuestionamientos, entre los que se encuentra qué se va a hacer con la población de loros que quede sin lugar donde habitar.
«Es decir, si están en estas localidades es por el desmonte y también por la proximidad de los sembrados. En estas poblaciones encuentran alimento en las cercanías y después van hacia el ejido urbano, donde están los cables de electricidad, que les brindan temperatura —indican—. Es muy difícil quitarles el sentido de pertenencia».
Cuestión de rutina
La problemática de los loros barranqueros no se limita al distrito de Villarino, sino que se ha extendido al norte de Patagones y también a Bahía Blanca. Su denominación científica es Cyanoliseus patagonus y se trata de una especie protegida nativa de nuestro país y Chile, que ha sido categorizada a nivel nacional como vulnerable y amenazada. Está prohibida su captura, venta y tenencia como mascota.
Como se ha indicado hasta el cansancio, el problema va más allá de la presencia de estas aves en el lugar, en los árboles o descansando en los cables aéreos; tiene que ver con los inconvenientes y cortes que generan en los cableados de electricidad o de fibra óptica, la cuestión sanitaria con sus heces esparcidas por doquier y, en menor medida, el daño que causan en determinados sembrados o el ruido que provocan.
La rutina de los loros es similar donde quiera que estén: duermen en el pueblo, en lugares altos donde consideran que se encuentran a salvo de predadores, y con el día levantan vuelo hacia donde despunta el sol, a los campos para buscar alimento. No vuelan más de 10 kilómetros diarios y regresan poco antes del atardecer.
Una vez allí, los loros se paran sobre el cableado por el calor que genera el paso de la electricidad. Además, hasta los 10 años de edad, a estos animales les crece el pico y deben morder y picotear para calmar el dolor; en este caso, la fibra óptica y los materiales que la recubren les gustan mucho.
Más allá de ser calificado como un animal relativamente inteligente, sobre todo para detectar peligro y actuar en consecuencia, se entiende que se trata de un ave asustadiza. Sin embargo, el uso de sistemas láser en su contra solo fue efectivo durante un tiempo, ya que cuando aprendían que no representaba un peligro en sí, dejaban de temerle y volvían a los lugares donde habitaban con anterioridad.
(La Nueva)



















