
El hallazgo de un animal vacuno sin vida y con marcas de corte limpias en un campo de la zona rural de 25 de Mayo, provincia de La Pampa, volvió a alimentar viejas teorías sobre el mítico chupacabras, criatura legendaria que desde hace décadas se vincula con mutilaciones de animales en distintas regiones del continente.
El episodio generó revuelo entre productores y vecinos, y las imágenes del animal rápidamente comenzaron a circular por redes sociales, donde algunos no tardaron en asociar el hecho con este críptido del folclore moderno, cuya fama se remonta a la década del ‘90.
El chupacabras es descripto como una criatura de apariencia reptiliana o parecida a un canino deformado, que ataca a animales para succionarles la sangre, dejando cuerpos sin órganos, sin rastros de lucha y con cortes que parecen quirúrgicos. La leyenda se popularizó en 1995 tras varios casos en Puerto Rico, y desde entonces ha sido protagonista de relatos en zonas rurales de América Latina y el sur de Estados Unidos.
Sin embargo, la explicación científica es mucho menos fantástica.
“El chupacabras es un mito que resurge cada año con el frío”, afirma el médico veterinario Carlos Bodanza, conductor del programa Mañanas de Campo por La Brújula 24. En diálogo con ese medio, explicó: “Todos los años aparecen estos casos, donde hay mucha gente desinformada o con tendencia a creer en ciertos mitos”.
Según Bodanza, los invierno severos afectan a animales débiles, que muchas veces mueren por hipotermia tras sufrir varias heladas. “Estas muertes suelen ocurrir de noche o madrugada, cuando el frío reseca el cuero del animal. Al morir y al tensionarse la piel seca, los cortes resultan limpios, como si fueran quirúrgicos”, señaló.
Pero además del frío, la actividad de animales carroñeros acentúa la apariencia de las mutilaciones. “Luego llegan especies como el ratón hocicudo, peludos, zorros, chimangos y buitres, que se alimentan del cuerpo y profundizan los cortes”, aclaró el veterinario.
La conjunción entre fenómenos naturales, procesos biológicos y el impacto del clima ofrece, según los especialistas, una explicación racional para estos episodios que, sin embargo, siguen siendo terreno fértil para las leyendas rurales y la fascinación popular.
Mientras tanto, la ciencia insiste en dar respuestas concretas y en desmitificar una narrativa que, cada invierno, vuelve a cobrar fuerza en los campos argentinos.
















