
La iniciativa, debatida en el marco de la Sesión Ordinaria del 29 de abril de 2026, propone la creación de un programa municipal bajo el lema “infancia sin pantallas, vínculos conectados”, que articule acciones desde distintas áreas del Estado local para concientizar, prevenir y acompañar a las familias frente a un fenómeno que avanza con rapidez.
El concejal Eduardo López, encargado de fundamentar el proyecto, planteó que la problemática ya es visible en la vida cotidiana del distrito y que su impacto no puede subestimarse. “Hoy sabemos, y nos lo hacen saber la comunidad médica y educativa, la preocupación por el exceso del uso de pantallas y celulares, y cómo esto impacta en niños, niñas y adolescentes”, expresó.
En ese marco, puso el foco en una conducta cada vez más frecuente entre los jóvenes: el “vamping”, es decir, el uso del celular durante la noche. Según explicó, esta práctica no solo altera los hábitos de descanso, sino que también genera procesos adictivos vinculados al placer inmediato que producen las pantallas. “Esa adicción se produce porque lo que se está haciendo provoca placer. Entonces tenemos que preguntarnos cómo generamos en los chicos otras formas de producir esa dopamina”, señaló.
Para López, la respuesta no pasa únicamente por restringir, sino también por ofrecer alternativas que recuperen el contacto social y el desarrollo integral. En ese sentido, defendió el rol de los clubes, los talleres culturales y los espacios comunitarios: “La actividad deportiva y cultural genera ese mismo placer, pero de manera saludable. Tenemos que enfocar los esfuerzos en eso, en darle a nuestros chicos herramientas para desarrollarse de otra manera”.
El concejal también advirtió sobre un dato que consideró especialmente preocupante: el uso de dispositivos a edades cada vez más tempranas. “Hoy ya no hablamos de chicos de dos años para arriba, sino de menores de dos años que están expuestos a pantallas. Es un problema que nos tiene que ocupar seriamente”, remarcó.
A partir de este diagnóstico, la minuta solicita al Departamento Ejecutivo que diseñe e implemente un programa integral que contemple campañas de concientización, talleres educativos, capacitaciones y posibles regulaciones en ámbitos municipales, especialmente en actividades destinadas a niños. La propuesta incluye además la generación de entornos que favorezcan el desarrollo sin estímulos digitales excesivos, promoviendo el juego, la interacción cara a cara y el uso responsable de la tecnología.
El debate se amplió con los aportes de otros concejales, que sumaron nuevas miradas sobre una problemática que excede lo local. El concejal Leandro Varela advirtió sobre situaciones recientes que encendieron alarmas en el distrito, vinculadas a desafíos virales en redes sociales. “En las últimas semanas vimos amenazas en escuelas relacionadas con contenidos de TikTok. Me tocó vivirlo como padre y realmente preocupa”, sostuvo.
En ese contexto, introdujo otra de las aristas más delicadas: el grooming. “Un alto porcentaje de chicos que tienen acceso a dispositivos han recibido algún tipo de insinuación o abuso por parte de adultos que se esconden detrás de perfiles falsos”, afirmó, y agregó que esta realidad exige mayor compromiso de las familias y herramientas concretas para acompañar a los menores en el uso de la tecnología.
Varela insistió en que el desafío no es solo limitar, sino educar: “Muchas veces estamos preocupados por lo que pasa afuera, pero no vemos que desde una pantalla pueden acceder a un mundo que no dimensionamos. Hay aplicaciones que permiten controlar y acompañar, y sería importante que el municipio también ayude a difundir su uso”.
Por su parte, el concejal Jorge Apud incorporó otra preocupación creciente: el acceso de adolescentes a plataformas de apuestas online, a las que definió como “altamente adictivas” y con consecuencias cada vez más visibles.
Además, compartió una experiencia concreta desarrollada en instituciones educativas de Rivera, donde se implementó la restricción del uso de celulares durante la jornada escolar. La medida, que en un principio generó resistencia, terminó mostrando resultados positivos en poco tiempo. “Los chicos descubrieron que podían volver a hablar entre ellos, a jugar, a interactuar. Algo que se había perdido”, relató.
Según explicó, también se observaron mejoras en el rendimiento académico y en la dinámica dentro del aula. “Fue una decisión que tuvimos que tomar desde las instituciones porque todavía no hay una política clara a nivel provincial o nacional, pero la experiencia fue muy satisfactoria”, afirmó.
A lo largo del debate, quedó en evidencia que el uso excesivo de pantallas no solo impacta en los hábitos, sino también en aspectos más profundos del desarrollo infantil y juvenil. Se mencionaron problemas de ansiedad, aislamiento, dificultades en la comunicación y pérdida de habilidades sociales, además de la exposición a riesgos digitales cada vez más complejos.
La aprobación unánime del proyecto reflejó un consenso amplio sobre la necesidad de abordar la problemática de manera urgente y coordinada, con políticas que no solo regulen, sino que también eduquen, prevengan y acompañen.
De este modo, el Concejo Deliberante dio un primer paso para instalar el tema en la agenda pública local, con la mirada puesta en un objetivo claro: recuperar el equilibrio entre el uso de la tecnología y el desarrollo saludable de niños y adolescentes, en un contexto donde las pantallas ya forman parte central de la vida cotidiana, pero requieren límites, orientación y responsabilidad compartida. (Diario de Rivera)

















