El fallecimiento del Dr. Julio Cruciani genera pesar en distintos ámbitos de la vida pública argentina. Magistrado de extensa trayectoria y reconocido por su compromiso con la transparencia, se destacó durante casi veinte años como titular del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 2, desde donde intervino en algunas de las investigaciones más resonantes del país.
A lo largo de su carrera judicial tuvo a su cargo expedientes de enorme repercusión pública. Entre ellos se destacó la denominada “Operación Langostino”, una de las causas más importantes vinculadas al narcotráfico de la época, en la que fueron secuestrados aproximadamente 600 kilos de cocaína.
También impulsó investigaciones por delitos económicos y fiscales que alcanzaron a figuras de relevancia nacional. Entre sus resoluciones más recordadas figura el procesamiento y envío a prisión del exsecretario de Turismo de la Nación durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, Omar Fassi Lavalle, y de su esposa, Elizabeth Mazzini, por evasión fiscal.
Durante su desempeño mantuvo fuertes diferencias con las máximas autoridades de la entonces Dirección General Impositiva (DGI), al sostener que el organismo debía actuar como “auxiliar de la Justicia” y no a la inversa, postura que defendió con firmeza a lo largo de su gestión.
En 2003 volvió a ocupar la atención pública cuando ordenó la captura del empresario Eduardo Eurnekián, propietario de Aeropuertos Argentina 2000 y exdueño del multimedios Cablevisión. La medida se produjo en el marco de una investigación por presunta evasión fiscal agravada vinculada a la venta de Cablevisión en 1994, operación que derivó en una causa de gran repercusión nacional.
Luego de una extensa carrera en la magistratura, Cruciani decidió dar un paso poco habitual para un juez de su trayectoria: abandonar la Justicia para dedicarse a la actividad política. En 2005 presentó su renuncia al cargo y lanzó su candidatura a diputado nacional encabezando la agrupación Confederación Vecinal.
Su propuesta política estuvo marcada por un mensaje de cercanía con los ciudadanos, sintetizado en el lema que acompañó todas sus campañas: “Yo, soy usted”.
Posteriormente realizó nuevos intentos electorales en 2007, ya como presidente del Partido Federal, y nuevamente en 2009. Aunque no logró acceder a una banca en el Congreso Nacional, mantuvo una activa participación en la vida política y pública.
Quienes lo conocieron destacan su permanente defensa de la honestidad, su independencia de criterio y su convicción de que la función pública debía estar al servicio de la ciudadanía. Su figura quedará asociada a la de un funcionario que hizo de la lucha por la Justicia una vocación de vida y que, aun fuera de los tribunales, buscó trasladar esos principios al terreno de la política.
Con su partida desaparece un protagonista de una etapa importante de la Justicia argentina, pero permanece el recuerdo de un hombre que construyó su trayectoria sobre valores de integridad, compromiso y servicio público.


















