El regreso de los periodistas acreditados a la Casa Rosada no implicó una vuelta a la normalidad, sino la inauguración de un nuevo esquema de circulación restringida dentro de la sede de Gobierno. La reapertura de la cobertura presencial convive ahora con una arquitectura más opaca y segmentada.
El reingreso de los cronistas vino acompañado de una serie de indicaciones precisas: ya no pueden desplazarse por el histórico sector del Patio de las Palmeras ni recorrer los pasillos como lo hacían habitualmente. El acceso quedó delimitado a un circuito acotado que incluye la sala de prensa, la cafetería, el área de recepción y el Patio Malvinas, en planta baja, sin posibilidad de avanzar más allá.
La restricción al Patio de la Palmeras es clave porque se trata de un espacio abierto que permitía a la prensa acreditada conocer los movimientos entre despachos oficiales.
Los trabajadores de medios tampoco pueden acercarse a zonas sensibles del poder, como el área vinculada al asesor presidencial Santiago Caputo, el llamado salón Martín Fierro, que quedó explícitamente fuera de alcance.
El nuevo protocolo no solo redefine los movimientos, sino también la lógica de permanencia dentro del edificio. A partir de ahora, los acreditados deben entregar sus credenciales al retirarse y recuperarlas recién al día siguiente, un mecanismo inusual que refuerza el control sobre los ingresos y egresos.
A eso se suma una transformación física del espacio: puertas y pasillos que conectan con el sector de Palmeras fueron intervenidos con vidrios esmerilados, reduciendo la visibilidad hacia áreas internas donde hasta hace una semana se podía circular.
Bajo esa nueva arquitectura interna el Gobierno reabrió este lunes Balcarce 50 para los periodistas acreditados, luego de diez días de veto informativo a partir de una denuncia pública -aún sin correlato judicial- de supuesto espionaje a partir de un informe periodístico que desarrolló un programa del canal TN con anteojos de última generación con cámara.
Este lunes además el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, haría su primera conferencia de prensa después de casi dos meses cuando tuvo que responder preguntas sobre las sospechas de su patrimonio y viajes. Allí el funcionario acusó a los acreditados de ser “apenas periodistas” y salió muy ofuscado.
En las semanas siguientes fue el propio Javier Milei quien descargó insistemente su furia contra la prensa bajo el latiguillo “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. El último episodio de trascendencia fue cuando acusó de “chorros y corruptos” a los acreditados en el Congres, donde Adorni expuso el miércoles pasado su informe de gestión.
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