
Un reciente informe de UNICEF Argentina revela que el 52,7% de las niñas y niños del país vivía en situación de pobreza monetaria durante el segundo semestre de 2024. Si bien la cifra continúa siendo alarmante, representa una mejora significativa respecto al mismo período de 2023, cuando el índice alcanzaba el 58,5%. Incluso, marca una fuerte baja frente al pico del 67% registrado a comienzos del año pasado.
Esta reducción representa a unos 1,7 millones de niños, niñas y adolescentes que dejaron de estar en situación de pobreza en solo seis meses. El estudio fue elaborado por el organismo internacional a partir de datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), y proyecta para el primer semestre de 2025 una caída aún mayor: la pobreza infantil bajaría al 47,8% y la pobreza extrema al 9,3%.
Ingresos, transferencias y recuperación parcial
Entre los factores que explican esta mejora, UNICEF destaca una recuperación parcial de los ingresos reales de los hogares y el impacto positivo de las políticas de protección social, como la Asignación Universal por Hijo (AUH). De hecho, el informe advierte que sin estas transferencias monetarias, más de un millón de niños y niñas habrían caído en la indigencia.
En 2024, los ingresos provenientes de programas sociales aumentaron un 4% en términos reales, y en lo que va de 2025, ese crecimiento alcanza el 16%. Esta suba tuvo un efecto directo en la reducción de la pobreza extrema. Sebastián Waisgrais, especialista en Monitoreo y Evaluación de Políticas Públicas de UNICEF, explicó que la desaceleración de la inflación y la continuidad de políticas sociales fueron claves en el proceso de recuperación.
Además, durante los primeros cinco meses de 2025, el presupuesto nacional ejecutado para la niñez creció un 15% en relación al mismo período del año anterior, impulsado sobre todo por un incremento del 34% en la AUH.
Las desigualdades persisten
Sin embargo, el informe advierte que la recuperación no alcanza a todos por igual. Persisten importantes desigualdades estructurales en la incidencia de la pobreza infantil. Por ejemplo:
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En hogares donde el jefe o jefa no terminó la primaria, la pobreza infantil llega al 80,9%.
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En familias con nivel secundario completo, el índice baja al 10,6%.
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En barrios populares, la pobreza afecta al 72,3% de los niños y niñas.
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En hogares monoparentales liderados por mujeres, alcanza al 60%.
“Estas cifras reflejan una estructura desigual que va más allá del ingreso. Hay factores como el acceso a la educación, la salud y la infraestructura básica que siguen condicionando la vida de millones de chicos y chicas”, explicó Waisgrais.
Áreas sensibles, en retroceso
Pese al aumento en las transferencias monetarias, UNICEF alerta sobre fuertes recortes en áreas estratégicas para el desarrollo infantil. Entre enero y mayo de 2025:
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Las becas escolares disminuyeron un 35%.
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El presupuesto en salud infantil cayó un 21%.
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El Plan Nacional de Primera Infancia sufrió un recorte del 50%.
“Estos retrocesos podrían comprometer derechos fundamentales a largo plazo, como la salud, el desarrollo cognitivo y el acceso a oportunidades educativas de calidad”, subraya el informe.
Más allá del ingreso: pobreza multidimensional
El estudio también pone el foco en las privaciones no monetarias que afectan a la infancia: déficit de vivienda, falta de acceso a servicios básicos, educación y protección social, entre otros factores. Estas carencias estructurales son más resistentes a los vaivenes económicos y requieren políticas públicas sostenidas en el tiempo.
Por esta razón, UNICEF insiste en la necesidad de avanzar hacia un análisis más profundo del gasto público consolidado entre Nación y provincias, con el objetivo de mejorar la eficiencia y equidad de las políticas destinadas a garantizar los derechos de la niñez.
“El descenso de la pobreza es una buena noticia, pero no puede hacernos perder de vista que millones de chicos y chicas siguen creciendo en contextos de privación”, concluye el informe.
















