
Los audios de Diego Spagnuolo sacudieron a la Casa Rosada y generaron un fuerte hermetismo en La Libertad Avanza. La mayoría de los dirigentes prefirió el silencio o hablar solo en off, aunque la diputada Lilia Lemoine salió a defender públicamente al oficialismo. Según afirmó, la filtración es “una operación para dañar al Gobierno” y señaló a dos adversarias internas: Victoria Villarruel y Marcela Pagano.
En los audios, Spagnuolo –ya desplazado de la Agencia Nacional de Discapacidad– hablaba de una supuesta trama de corrupción en la compra de medicamentos que involucraría a Karina Milei y a los Menem. Desde el Ejecutivo no hubo comentarios sobre esa acusación, aunque la decisión inmediata fue su remoción del cargo.
Lemoine cuestionó al exfuncionario por no haber denunciado en la Justicia las irregularidades que mencionó y aseguró que las grabaciones fueron editadas. Además, apuntó contra los periodistas que difundieron la primicia, en especial Mauro Federico, a quien acusó de montar campañas contra referentes libertarios en el pasado. Según la diputada, Spagnuolo habría sido cercano a Villarruel y no a Javier Milei, un señalamiento que alimenta las sospechas internas sobre una maniobra contra la jefatura de Gabinete que rodea a Karina.
La legisladora también vinculó a Pagano con Federico y Jorge Rial, a quienes atribuye “operaciones” mediáticas contra el espacio, desde el caso de Los Copitos hasta las denuncias contra Gerardo Milman.
Mientras el oficialismo define una estrategia de comunicación, Lemoine emerge como una de las pocas voces dispuestas a hablar. Sus declaraciones sugieren que la línea defensiva del Gobierno podría centrarse en desacreditar la denuncia y redirigir el foco hacia enemigos internos y externos: periodistas críticos y figuras libertarias enfrentadas a la conducción de Milei.
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