
La Villa Lago Epecuén fue fundada el 23 de enero de 1921, originalmente bajo el nombre de Pueblo Mar de Epecuén, sobre tierras donadas por la Provincia de Buenos Aires a la Municipalidad de Adolfo Alsina. En pocos años, el lugar se consolidó como el complejo hidrotermal más moderno del país y de Sudamérica, marcando el inicio de la actividad termal en la Argentina.
Desde sus comienzos, Epecuén desarrolló una intensa actividad vinculada a las propiedades del agua y el fango de la laguna. Allí se fabricaban y comercializaban cremas, sulfatos medicinales, jabones y fangos terapéuticos, todos elaborados con minerales propios del lugar. El crecimiento del turismo fue impulsado, además, por el ferrocarril de la Línea Sarmiento, que conectaba la zona directamente con Plaza Once, en la Ciudad de Buenos Aires.
Un refugio terapéutico y multicultural
La alta salinidad y riqueza mineral del agua convirtieron a Epecuén en destino elegido por miles de personas, especialmente adultos mayores que buscaban alivio para afecciones óseas, articulares y de la piel. Asimismo, numerosos integrantes de la comunidad judía adoptaron la villa como lugar de veraneo, atraídos por las similitudes entre sus aguas y las del Mar Muerto.

La época dorada
Durante las décadas del 60 y 70, Epecuén vivió su máximo esplendor. Llegó a contar con 6.000 plazas hoteleras, muchas de ellas de lujo, 250 comercios y una población estable de 1.200 habitantes, número que se multiplicaba en temporada alta. Turistas de distintos puntos del país arribaban en tren o en automóvil para disfrutar de las piletas termales y de una infraestructura que incluía hoteles de alta categoría, balnearios imponentes y residencias privadas que recibían a destacadas personalidades internacionales.
El crecimiento fue vertiginoso: se instalaron empresas salineras, fábricas de jabones y emprendimientos vinculados al barro radioactivo, consolidando a la villa como un polo económico y turístico sin precedentes en la región.
La inundación que lo cambió todo

Las inundaciones de 1980, que derivaron en la construcción del Canal Ameghino, obligaron a convivir con un sistema de defensa que anticipaba un escenario crítico. El desenlace llegó el 10 de noviembre de 1985, cuando una fuerte crecida de la laguna, en el marco de intensas lluvias en la provincia, provocó la ruptura del terraplén de cuatro metros que protegía al pueblo.
El resultado fue devastador: Epecuén quedó completamente inundada. La evacuación se extendió durante 15 días y hasta los féretros del cementerio debieron ser trasladados a Carhué, a ocho kilómetros de distancia. Dos años más tarde, el agua alcanzó su punto máximo y la villa quedó totalmente sumergida bajo siete metros.
El resurgir de las ruinas

Hasta 1993, Epecuén permaneció bajo el agua. Posteriormente, obras hidráulicas permitieron reducir el nivel de la laguna y, desde 2004, las ruinas comenzaron a emerger. Hoy es posible recorrer sus calles y construcciones derruidas, que se convirtieron en escenario de safaris fotográficos, películas, documentales y producciones audiovisuales.

La ex Villa Epecuén fue declarada Sitio Histórico por la Municipalidad de Adolfo Alsina mediante la Ordenanza N° 3.776, y se llevaron adelante obras de conservación y señalización de espacios emblemáticos para preservar su memoria.
Patrimonio cultural y símbolo identitario

Por su carácter único en la provincia y en el país, y por la proyección mundial de su historia, Epecuén reviste un valor arqueológico, histórico y turístico incuestionable. La declaración como Monumento Histórico e incorporación al Patrimonio Cultural de la Provincia buscó garantizar la preservación, revalorización y difusión de estas ruinas.

La iniciativa no solo significó un acto de justicia histórica, sino también un aporte estratégico al desarrollo local, reafirmando a Epecuén como símbolo de identidad, memoria y resiliencia para toda la región.
Villa Epecuén es hoy un impactante destino de turismo histórico y de ruinas.
(Con imagenes del Museo de Carhué)

















