
El voraz incendio forestal que comenzó el 5 de enero en El Hoyo y Puerto Patriada ya consumió más de 35.000 hectáreas en Chubut y este martes las autoridades alertaron por la presencia de dos frentes cruciales que son monitoreados «minuto a minuto» y contra el que luchan 500 brigadistas en la región de Cholila. El fuego no da tregua y se acerca a Esquel, donde la lucha fundamental es contra el viento.
La coordinadora y vocera provincial, Laura Mirantes, explicó el comportamiento de las llamas: «Las dos cabezas principales se están adentrando y su orientación depende pura y exclusivamente de las ráfagas, que han superado los 50 kilómetros por hora, lo que nos obliga a vivir la situación minuto a minuto».
Si bien la directora de Emergencias aclaró que no existe riesgo directo para las zonas urbanas ni «en Cholila ni en Villa Lago Rivadavia», precisó que «el fuego está direccionado hacia sectores bajos, que podrían derivar hacia Leleque o Esquel», por lo que el monitoreo es «constante».
«Vamos a tener un poco más de humedad y eso nos permitirá operar mejor con medios aéreos y herramientas de mano, además de reforzar el uso de maquinaria pesada como topadoras«, explicó.
Sobre la necesidad de traslados de los habitantes, manifestó que «se trabajó con anticipación junto al intendente de Cholila, habilitando escuelas y gimnasios, y promoviendo la autoevacuación«, por lo que señaló: «Gracias a ese trabajo preventivo no tenemos víctimas fatales ni pérdidas de infraestructura, salvo dos galpones alejados del casco urbano».
Finalmente, Mirantes se refirió a la magnitud del siniestro y agradeció el compromiso de brigadistas y vecinos. «Estamos ante un incendio de sexta generación, donde muchas estrategias tradicionales no alcanzan«, puntualizó, y añadió: «Contra la naturaleza no se puede ir, pero sí se puede trabajar con solidaridad y prevención, y eso es lo que estamos viendo en la comunidad».
Durante las últimas horas se vivieron momentos de desesperación entre muchos lugareños, que temían por la proximidad del humo y el fuego, lo que los llevó a permanecer en alerta absoluta. «Volaban llamaradas de 50 o 60 metros. Iba arrasando, arrasando. Y era esperar que no baje, nada más», relató Óscar Cárdenas, poblador de Villa Lago Rivadavia, al medio local EQS.
«Esto es una catástrofe», resumió y concluyó sobre la noche más difícil en la zona: «Explotó todo. Y había que dejarlo nomás. No le podías hacer nada. Ni los cortafuegos que hicimos. Lo pasó de largo a todo«.
(El Canciller)
















