El mismo cartel que instaló la gestión de Alberto Fernández, ahora en medio de gran cantidad de nieve. Esa es hoy la puerta de entrada de la anunciada Base Naval Integrada de Ushuaia, que este viernes visitarán el canciller Pablo Quirno y el ministro de Defensa, Carlos Presti, en el marco del repentino giro malvinense del gobierno de Javier Milei.
En el predio se ven dos carteles: uno del Ministerio de Defensa y la Armada Argentina que anunciaba el “Proyecto Base Naval Integrada Ushuaia”, y otro que identifica la “Etapa I” de la obra —“Movimiento de suelos, Galpones Modulares 24 A y B, Bases Galpón Modular 24 A”— y nombra como contratista a Tandanor S.A.C.I. y N., el astillero estatal que también está en el centro de otra polémica actual porque el Gobierno busca privatizarlo.
La Base Naval Integrada se ideó en los años 90, pero recién tuvo su “piedra fundacional” en marzo de 2022, durante el gobierno de Alberto Fernández y bajo la gestión del entonces ministro de Defensa, Jorge Taiana. La base está ubicada en terrenos navales próximos al aeropuerto internacional de Ushuaia, frente al Canal de Beagle. Y está muy cerca de 38 hectáreas de terrenos de la Armada que el Gobierno puso en remate público hace apenas un mes.
El proyecto prevé instalar a la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército en terrenos navales linderos al aeropuerto internacional de Ushuaia, con un muelle de unos 1.050 metros de desarrollo de atraque, un edificio de servicios marítimos de 2.540 m² y un complejo logístico antártico de 10.100 m² con galpones, talleres, depósitos, oficinas y cámaras frigoríficas. Una segunda etapa, todavía más lejana, sumaría otros 39.000 m² para el Comando del Área Naval Austral.
El problema es el ritmo. Según fuentes oficiales en Tierra del Fuego, la obra está a un 10%, el mismo avance que quedó de diciembre de 2023. El detalle de la ejecución física es del 9,13%. Lleva casi dos años sin avances medibles. El entonces ministro de Defensa Luis Petri había estimado en 2024 un costo total de unos US$300 millones para la obra completa, de los cuales solo US$163 millones estaban asignados para 2025. El propio Ministerio reconoció que el ritmo de la obra depende de la “disponibilidad financiera” del Estado, que se redujo todavía más el año pasado.
Ese estancamiento es el que Milei busca revertir con el giro que le dio a la agenda de Malvinas desde la cadena nacional: el DNU 867/2026 que amplió en $217.954 millones el presupuesto de Defensa, y ahora la visita de este viernes de Quirno y Presti a Ushuaia, que se hará sin haber convocado formalmente ni al municipio ni a la provincia. El Gobierno presenta la reactivación de la Base Naval como parte central de esa nueva agenda de “soberanía” en el Atlántico Sur, aunque todavía no precisó un cronograma de obra ni montos específicos para acelerarla.

La ingeniera a cargo de la obra, Alejandra Portatadino, de planta permanente en el astillero Tandanor, defendió públicamente el proyecto, pese a que el Gobierno frenó el financiamiento de la obra. Señaló que en mayo de 2025 se terminó de construir una platea con partidas que había destinado la gestión anterior. “En Tandanor recibimos una partida de dinero que correspondía a los costos de realizar la platea, que es de alta complejidad por los tipos de galpones que va a tener y la complejidad del suelo: todo tiene que ser sismo-resistente. Trabajamos en verano de 7 a 20 sin parar, de sábado a sábado. Trabajamos codo a codo con la Armada y hay que reconocer el corazón que le ponen con los pocos recursos que tiene”, señaló.
“Es una base militar y tenemos que ser muy cuidadosos con la información”, planteó la ingeniera, que cumplió la etapa de construcción de la platea. La nueva dirección de ingeniería será definida por el ministro Presti. “Es una obra que atañe a la soberanía nacional”, aseguró Portatadino.
(El Diario Ar)


















