Entre largas jornadas a caballo, caminos rurales, inclemencias climáticas y momentos de oración, el padre Fabián Tula, actual párroco de las comunidades del distrito de Adolfo Alsina, formó parte este fin de semana de una peregrinación de fe que unió Huanguelén con Fortín Mercedes, llevando la imagen de la Virgen de Luján y una reliquia del beato Ceferino Namuncurá.
La travesía reunió a peregrinos de distintas localidades y combinó la devoción religiosa con el amor por los caballos y la vida de campo. Durante el recorrido, Tula acompañó y coordinó la experiencia, que tuvo como destino el Santuario María Auxiliadora de Fortín Mercedes.
Para el sacerdote, la propuesta tiene un significado que va mucho más allá de trasladarse de un lugar a otro.
“La Virgen es la que moviliza todo esto en el fondo y la que hace que podamos unir este amor, esta pasión por los caballos y la fe”, expresó.
En ese sentido, destacó el papel que tiene la imagen de la Virgen a lo largo de la peregrinación y los encuentros que se producen durante el camino.
“Nosotros somos los encargados de llevarla, pero después ella es la que abre tranqueras, marca caminos y va haciendo cruzar con gente que en la vida hubiésemos pensado que íbamos a conocer”, agregó.
Una peregrinación que reunió a distintas comunidades
La travesía contó con la participación de peregrinos de Huanguelén, Coronel Suárez, Punta Alta, Carhué y Médanos, además de jinetes de Pedro Luro y la zona que se sumaron durante el último tramo.
El padre Fabián Tula participó desde Carhué, mientras que también formó parte de la experiencia el padre Isaías, de Médanos.
Las largas horas a caballo, las conversaciones y las dificultades propias del recorrido fueron construyendo una experiencia compartida entre los participantes.
La presencia de una reliquia del beato Ceferino Namuncurá le dio un significado especial a la peregrinación, cuyo destino final estuvo vinculado precisamente con su historia y su espiritualidad.
La lluvia y el viento no detuvieron la misión
Una de las jornadas más difíciles estuvo marcada por las condiciones meteorológicas. La lluvia y las fuertes ráfagas de viento pusieron a prueba al grupo, que debió continuar el recorrido en medio de las adversidades.
A pesar de las dificultades, los peregrinos lograron cumplir el objetivo y llegar al Santuario María Auxiliadora de Fortín Mercedes, donde pudieron expresar la satisfacción por haber completado la travesía.
Para el padre Tula, las dificultades también forman parte del sentido de peregrinar y de la experiencia espiritual que se construye durante el camino.
“Peregrinamos para poder entender un poco más de lo nuestro, de nuestro día a día. Y cuando uno hace este tipo de peregrinaciones vuelve cambiado, vuelve con otro aire, con otra cabeza, con otro corazón”, reflexionó.
La Virgen lleva las intenciones de toda una comunidad
Más allá de quienes participaron físicamente de la travesía, la peregrinación también se convirtió en una manera de acercar las intenciones de numerosas personas que depositaron en la Virgen una esperanza, un agradecimiento o una petición.
Cada tramo del recorrido fue sumando historias, encuentros y momentos de oración, en una experiencia que trascendió lo individual para convertirse en una expresión de fe compartida.
Así, el camino desde Huanguelén hasta Fortín Mercedes no fue solamente una travesía a caballo, sino también una oportunidad para renovar la espiritualidad, fortalecer los vínculos entre comunidades y llevar consigo las intenciones de quienes acompañaron la peregrinación desde distintos lugares.
Una experiencia en la que la fe, los caballos y la vida de campo se unieron bajo una misma devoción, con la Virgen de Luján como guía y compañera de camino.
(Con información e imagenes de FM del Valle, Pedro Luro)























