La noción histórica de que la desnutrición y la obesidad marchan por caminos separados y afectan a poblaciones completamente distintas quedó definitivamente obsoleta. Un reciente y sofisticado estudio liderado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (Exactas UBA) y el CONICET logró trazar, por primera vez en la historia del país, un mapa de alta precisión que expone la «doble carga de la malnutrición»: la coexistencia del sobrepeso y el retraso del crecimiento (baja talla) en niños y niñas menores de cinco años.
Los resultados revelan una profunda y alarmante desigualdad geográfica, ubicando al suroeste de la Patagonia —región que integra Chubut—, junto con sectores del Centro y Norte del país, como los focos con mayor proporción de esta problemática.
¿Qué es la «doble carga de la malnutrición»?
El concepto, acuñado a comienzos del siglo XXI por los organismos internacionales de salud, describe un fenómeno global complejo y paradójico: la manifestación simultánea de carencias nutricionales (como el retraso del crecimiento por desnutrición crónica) y el exceso de peso u obesidad. Esta realidad no solo se da a nivel de comunidades, sino que suele observarse dentro de un mismo hogar o, incluso, en un mismo individuo a lo largo de su vida.
Los expertos señalan que el quiebre se produjo a partir de la década de 1990 con la llamada transición nutricional. Los países en vías de desarrollo reemplazaron progresivamente las dietas tradicionales por alimentos ultraprocesados de bajo costo, alta densidad calórica y nulo valor energético esencial (ricos en grasas saturadas, sodio y azúcares). Al combinarse con un aumento del sedentarismo tecnológico, las tasas de sobrepeso se dispararon sin que se lograran erradicar los problemas estructurales de la desnutrición.
Un millón de niños bajo la lupa de la ciencia
Para confeccionar esta valiosa herramienta pública, el Grupo de Bioestadística Aplicada de Exactas UBA analizó una base de datos monumental: los registros de peso y talla de casi un millón de niños y niñas menores de cinco años atendidos en más de 7.000 centros de salud del sistema público de todo el país. Al enfocarse en este sector, el estudio arroja una radiografía precisa de la población socioeconómicamente más vulnerable.
El verdadero hito del equipo —integrado por los científicos Nicolás Flaibani, Adriana Pérez, Pablo Nuñez y Gerardo Cueto— consistió en desarrollar «modelos espaciales conjuntos». Mediante estas complejas fórmulas matemáticas, lograron cruzar las variables de baja talla y sobrepeso simultáneamente en las más de 500 jurisdicciones y departamentos en los que se divide el territorio nacional.
Radiografía de la inequidad: el impacto en el sur
El mapa definitivo, publicado en la prestigiosa revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology, utiliza una escala de colores que va del beige claro al marrón oscuro. Cuanto más oscuro es el tono de la jurisdicción, mayor es la presencia de la doble carga de malnutrición.
La distribución de estas «manchas oscuras» evidencia que la problemática no es uniforme. Contrario a los prejuicios históricos que asocian la desnutrición únicamente al norte del país, los departamentos del suroeste de la Patagonia emergieron con niveles críticos de vulnerabilidad nutricional, compartiendo el podio con la región Central y del Norte argentino.
«En un país justo, el mapa debería verse de color claro y homogéneo, sin manchas, sin zonas peores o mejores. Lo que muestra el mapa es una cuantificación espacial de la inequidad», advirtió de forma tajante Gerardo Cueto, responsable de la investigación.
De los datos a las políticas públicas
Desde el equipo de Exactas UBA destacaron que este trabajo representa una primera etapa descriptiva fundamental para dejar de tomar decisiones sanitarias basadas en «suposiciones o creencias» y empezar a respaldarlas con evidencia científica. Actualmente, los investigadores avanzan en una segunda fase que busca identificar con precisión cuáles son las variables socioambientales y económicas específicas que provocan que determinadas regiones estén más postergadas que otras.
El mapa de la doble carga se consolida así como un insumo estratégico urgente para que los tomadores de decisiones diseñen políticas de salud y alimentación integradas, capaces de combatir en simultáneo la inseguridad alimentaria y el alarmante avance de las enfermedades crónicas no transmisibles en las infancias argentinas.
(Canal 12 Web)



















