Cuatro fechas duró la calma en Independiente. La derrota ante Platense volvió a encender el malestar de los hinchas, que despidieron al equipo con silbidos y una fuerte reprobación, en medio de cuestionamientos que ya no se limitan al rendimiento futbolístico y alcanzan también al plano institucional.
El 2-0 sufrido ante Vélez pocos días atrás había dejado al equipo obligado a reaccionar, pero el Rojo volvió a quedarse con las manos vacías y sumó su segunda derrota consecutiva.
Con apenas una modificación respecto del último encuentro —Santiago Arias por Leo Godoy—, Independiente volvió a apostar por un esquema que sus rivales parecen conocer de memoria. La falta de variantes quedó nuevamente expuesta y el equipo dependió en buena medida de alguna aparición individual para intentar cambiar el desarrollo.
El conjunto dirigido por Gustavo Quinteros tuvo mayor dominio territorial y fue superior durante buena parte del encuentro. Incluso contó con una situación que pudo haber cambiado la historia: un fuera de juego milimétrico de Matías Abaldo, sancionado a instancias del VAR, le impidió ponerse en ventaja durante el primer tiempo.
Sin embargo, la superioridad no se tradujo en contundencia. Los problemas para generar juego y las propias limitaciones ofensivas terminaron condenando nuevamente al equipo.
Platense, con la vuelta del “Titán” al banco de suplentes, comenzó el partido con una actitud agresiva. Presionó las salidas de Independiente, generó algunos problemas y durante determinados pasajes logró manejar mejor los tiempos del encuentro.
Con el correr de los minutos, el visitante perdió intensidad y el Rojo comenzó a crecer, principalmente a partir del empuje de Santiago Montiel.
Pero Independiente volvió a mostrar dificultades para encontrar caminos hacia el arco rival. Maximiliano Gutiérrez tuvo apariciones intermitentes, mientras que Matías Abaldo continúa sin conseguir el peso ofensivo esperado, una situación que se repite desde el comienzo del Torneo Clausura.
El equipo quedó nuevamente atrapado en un libreto previsible: cuando los extremos no consiguen desequilibrar, no aparece la rebeldía de Montiel o Gabriel Ávalos no encuentra espacios para imponer su jerarquía, las alternativas ofensivas se reducen considerablemente.
Así, pese a haber sido superior en varios pasajes y haber generado argumentos para merecer algo más, Independiente volvió a decepcionar, perdió por segunda vez consecutiva y terminó protagonizando una nueva noche de silbidos en Avellaneda.


















