Hoy me encuentro charlando en su casa con el señor Pedro Sequeira, conocido desde su niñez como “Piche”. Lo veo bien, lúcido y, como siempre, con ese buen humor y esa atención que lo caracterizan. A sus 89 años, me cuenta sobre sus años como bolsero, y para mí es reconfortante poder conversar con una persona que atravesó distintas épocas del trabajo.
Porque hubo un tiempo en el que las bolsas llenas de cereal eran las que transformaban los meses de trabajo en los campos de los productores en una cosecha concreta, que luego era llevada a los lugares de acopio. Allí se producía una concentración muy importante de actividad, porque era el momento en que prácticamente finalizaba la labor de casi un año de trabajo.
Y en ese momento aparecían los bolseros, más conocidos como los “changarines”, quienes tenían un papel fundamental durante la temporada.
Había que trabajar rápido. Era una tarea bastante sacrificada, porque las bolsas eran pesadas y todos tenían urgencia por descargar. Las filas de los distintos carros eran largas y el movimiento se volvía convulsionado.
Algunos querían descargar y, si era posible, volver nuevamente a cargar, porque había urgencia por cosechar y, más aún, por entregar la producción.
Ahí estaba el trabajo de los bolseros. Tenían que estar siempre al pie del cañón y mantener el buen humor, incluso cuando el horario de trabajo ya había terminado. Muchas veces no se justificaba parar ni dejar un carro sin descargar delante de la balanza, porque eso significaba que quedaría pendiente para la tarde o, incluso, para el día siguiente.
En esa tarea pude apreciar siempre la gran predisposición de los changarines de Rivera, y encuentro esa característica representada en la figura de Pichi. Para mí, es un verdadero ejemplo de voluntad, de esos que quedaron marcados en la historia de nuestro pueblo durante más de 75 años.

Considero que eso es un privilegio. Pasaron distintas tecnologías y también distintas voluntades que fueron cambiando el mundo. Sin embargo, Sequeira sigue en su ranchito, con aquella bicicleta que recorrió incansablemente las calles del pueblo y con la que tantas veces salió a saludar a quienes encontraba en el camino.
Y yo fui un privilegiado, porque soy una de esas personas que lo recuerda desde aquellas épocas y que guarda por él un enorme cariño.
Por eso no quiero que Piche pase al olvido.
Me gustaría que lo recordemos siempre llevando las bolsas al hombro, como lo hicieron tantos hombres que trabajaron durante aquellas épocas y que fueron protagonistas silenciosos de una parte fundamental de la historia productiva de Rivera.
Espero que Piche siga por muchos años más presente entre nosotros, porque, sin dudas, es parte de la historia de Rivera.
Una vida dedicada al trabajo
Al momento de redactar esta nota, en agosto de 2026, Pedro Sequeira tiene 89 años. Es el último bolsero del grupo de changarines conocido durante la última época de trabajo con bolsas, hasta que comenzó el sistema de trabajo con cereal a granel. A partir de entonces, Piche continuó trabajando como palero.
Pedro Sequeira nació en Rivera el 3 de agosto de 1937. Es hijo de Margarita Pérez y José Sequeira. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nacional N.º 41 y en la Escuela Provincial N.º 12.
Tiene dos hijos y seis nietos, y formó parte de una familia numerosa: fueron 14 hermanos.
También está ligado a la historia deportiva de nuestro pueblo. Es primo hermano de Zenón Sequeira, histórico jugador del Club Atlético Independiente, y siempre fue simpatizante de “los verdes”. Además, fue admirador de Lito Rundau, exjugador de Independiente, quien se consagró campeón con el club en 1959.
Del servicio militar al trabajo rural
Pedro también cumplió con la patria en Tandil, donde realizó el servicio militar en la Aeronáutica en 1957.
Su vida laboral estuvo marcada fundamentalmente por el trabajo vinculado al cereal. Durante 36 años trabajó en la Cooperativa Granjeros Unidos de Rivera, desempeñándose en todos los puestos de recepción de cereales que tenía la institución en distintas localidades.
También trabajó en Tres Lagunas como estibador y, posteriormente, en la Junta Nacional de Granos como palero.
Su trayectoria laboral incluyó además trabajos en la firma Karabelnicoff y en el puesto de recepción de cereales de la firma Antonio Lapacó de Rivera.
Una vida entera de trabajo, esfuerzo y compromiso que hoy quiero rescatar a través de este homenaje.
Porque detrás de cada bolsa de cereal hubo un hombre que la cargó sobre sus hombros. Y detrás de esos hombres hubo una historia que merece ser contada. La de Piche es una de ellas, y también es parte de la historia de Rivera.



















