
El sudoeste bonaerense consolida una propuesta turística y productiva en crecimiento con la Ruta del Olivo, un circuito que conecta distintos emprendimientos y destinos que, por sus condiciones climáticas y calidad de suelos —similares a las del Mediterráneo europeo—, ofrecen un escenario ideal para el desarrollo de una producción olivícola de excelencia.
La ruta incluye establecimientos de distintas localidades: en San Miguel Arcángel, partido de Adolfo Alsina, se destaca Recóndito Olivares; en Tornquist, Olivares de las Sierras; en Puan, Epu Antu; en Coronel Dorrego, Estilo Oliva, Capilla Nuestra Señora del Olivo y Rumaroli; y en Bahía Blanca, Olivos del Napostá, Olivos Olivos y Fincas Nobles Caciques.
El cultivo del olivo y su tradición encuentran su máxima expresión durante la Fiesta Provincial del Olivo y la Semana del Olivo, celebraciones que cada marzo convocan a visitantes con actividades, recorridos y catas guiadas.
Identidad, arraigo y producción
En la colonia San Miguel Arcángel, el desarrollo del olivo se entrelaza con la herencia cultural de los alemanes del Volga, dando forma a una propuesta que combina historia, producción y espiritualidad.
“La particularidad de la colonia es que mantiene sus raíces y que, por la distancia que la separa de los centros urbanos, quedó estancada en términos de crecimiento y desarrollo. Los jóvenes fuimos migrando, como nuestros antepasados, para estudiar en las grandes urbes. Sin embargo, algunos volvimos con ideas para trabajar pequeñas superficies y desarrollar un emprendimiento, que terminó convirtiéndose en un modelo de producción a largo plazo para sostener las raíces profundas y el arraigo de nuestra tierra con el olivo, como un símbolo de paz y unidad”, explicó el productor Leandro Schneider.
Experiencias de turismo rural y sustentabilidad
La propuesta de Recóndito Olivares va más allá de la producción y se orienta al turismo rural sustentable, con actividades que permiten al visitante conectarse con el entorno natural y la cultura local.

La experiencia incluye caminatas guiadas, recorridos por la huerta y el monte frutal, además de encuentros en un refugio construido con materiales naturales bajo principios de permacultura. Allí se ofrecen desayunos, meriendas y degustaciones, entre las que se destaca el “Olivalatte”, una infusión elaborada con hojas de olivo y leche.
“Practicamos el turismo rural, con la expectativa de ser un faro y un ejemplo de acción, por eso desarrollamos una propuesta respetuosa con el medio ambiente y organizamos días de campo para conocer la colonia y su gastronomía típica”, detalló Schneider.
Olivares de las Sierras: aromas serranos y experiencias familiares

En Tornquist, Olivares de la Sierra nació como proyecto académico y se consolidó como referencia del turismo rural serrano. “Un emprendimiento familiar, un sueño que comenzó allá por 2012 y pudo concretarse en 2016. Con aciertos y errores, mucho trabajo y dedicación, en 2021 logramos obtener nuestro primer aceite, una edición especial que llegó a manos de quienes nos ayudaron a concretar nuestro sueño”, contaron. La finca ofrece recorridos guiados por la plantación, catas con maridajes de quesos artesanales, panes caseros y chocolates, y picnics en el corazón del olivar. Para las infancias, la propuesta Exploradores del Olivar propone descubrir el entorno con actividades didácticas. “Luego de varios años abrimos las tranqueras al público general para mostrar lo que amamos hacer”, agregaron.
En la boutique se pueden adquirir aceites premium, cosmética natural y artesanías regionales.
Olivos del Napostá: salud, naturaleza y olivicultura
En Cabildo, partido de Bahía Blanca, César Di Domenico y Víctor Serafini transformaron en 2014 su profesión médica compartida en un proyecto ligado al bienestar y a la tierra. Implantaron 20 hectáreas de olivos bajo sistema intensivo y crearon un espacio donde producción y salud dialogan.
El lugar cuenta con un resort instalado en una casona inglesa de 1910, puesta en valor para alojar huéspedes y promover la sencillez del estilo de vida mediterráneo. En él se desarrollan actividades vinculadas al cuidado físico, mental y emocional, en una propuesta que combina olivicultura, turismo y bienestar.
La producción de aceite de oliva virgen extra y el desarrollo de un Centro de Bienestar reflejan esa filosofía que articula salud, medioambiente y vida rural. Como parte de su su propuesta gastronómica se destaca un plato estrella: cordero patagónico mediterráneo al asador con aceite de oliva.
Finca Oliva Olivos: gastronomía y tradición artesanal
Ubicada sobre la RN 3 Vieja, en Bahía Blanca, esta empresa familiar comenzó con 14 hectáreas y, en la actualidad, supera las 3.600 plantas. En un entorno rural, combina producción de aceites y conservas artesanales con propuestas gastronómicas y educativas.
“Nuestra actividad principal es la producción de oliva virgen extra, logrando un producto de alta calidad desde el campo a la mesa, ya que contamos con la almazara propia que permite la extracción de aceite dentro de las ocho horas de cosechado”, contó su propietario, Franco Tamburo.
Quienes visitan el establecimiento pueden realizar recorridos guiados con degustaciones y explicaciones técnicas sobre el proceso productivo. Durante la temporada de cosecha, entre abril y junio, también pueden participar de la recolección de aceitunas y vivir en primera persona el trabajo en el olivar.
La propuesta gastronómica incluye el Resto La Finca, que ofrece menús de tres y cuatro pasos con alternativas vegetarianas, veganas y aptas para celíacos. También cuenta con una casa de té que sirve infusiones acompañadas de pastelería fresca y opciones para las infancias.
“Con el objetivo de asegurar calidad, los productos utilizados en nuestros servicios varían según la estación. Trabajamos con pequeños emprendedores y productores locales, además de ofrecer nuestros vinos y café de especialidad”, añadió.
Entre las propuestas más especiales del lugar se destaca una cena a la luz de la luna en medio del olivar, que transforma el campo en un escenario íntimo y memorable.
Epu Antu: tierra de los Dos Soles
Impulsado en Puan desde 2006 por la cooperativa local, su nombre –que en lengua mapuche significa Tierra de dos soles– alude al reflejo del sol sobre la laguna cercana, un fenómeno que duplica la luz del paisaje y le da identidad al lugar.
El emprendimiento propone visitas guiadas por la plantación y la almazara, donde se explica el proceso de producción del aceite de oliva, desde el cultivo de los árboles hasta la elaboración final. Durante el recorrido también se comparte información sobre el desarrollo de la actividad olivícola en el país.
La experiencia se completa con degustaciones de aceite de oliva pensadas para reconocer aromas, texturas y variedades. Además, el espacio organiza jornadas de cicloturismo entre las hileras de olivos, integrando actividad física, turismo rural y contacto con el paisaje.
Rumaroli: tecnología y excelencia
Con una almazara de tecnología italiana de última generación, Rumaroli, en Coronel Dorrego, procesa la fruta bajo estrictos estándares de calidad, cuidando cada etapa del proceso para preservar las propiedades y el carácter del aceite de oliva. La incorporación de equipamiento moderno permite optimizar los tiempos de molienda y garantizar un producto final de alto nivel.
El emprendimiento también participa en ferias gastronómicas y espacios vinculados a la producción regional, donde difunde la cultura del aceite de oliva y promueve su consumo. Además, ofrece catas guiadas en las que se exploran aromas, sabores y características de las distintas variedades.
Un circuito con identidad propia
De esta manera, la Ruta del Olivo se posiciona como una alternativa turística diferente, que combina producción, identidad cultural y experiencias sostenibles, consolidándose como un atractivo en crecimiento en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires.
(Prensa PBA / El Diario Ar /DDR)



















