Ya es oficial: Peabody dejó de producir en la Argentina. Los últimos informes presentados por la sindicatura en el concurso preventivo de Goldmund S.A., la controlante de la histórica marca de electrodomésticos, confirman que la empresa ya no tiene capacidad instalada para fabricar en el país. Toda la maquinaria fue desmontada y trasladada a un depósito en San Martín, las oficinas administrativas se mudaron a una nueva sede en la Ciudad de Buenos Aires y la compañía hoy funciona como comercializadora mientras intenta reestructurar un pasivo superior a los $39.234 millones.
La decisión no sorprendió dentro del expediente. Cuando la Justicia abrió el concurso preventivo, el 20 de abril, la empresa ya había explicado que avanzaba hacia un esquema basado en importaciones porque consideraba que fabricar en la Argentina había dejado de ser competitivo. Poco más de tres meses después, la sindicatura constató que ese proceso ya se concretó: la producción local cesó por completo, la planta quedó sin capacidad instalada y toda la maquinaria fue trasladada desde el establecimiento de La Tablada a un depósito ubicado en San Martín. También las oficinas administrativas fueron relocalizadas a la avenida Cabildo 86, en la Ciudad de Buenos Aires.
El cierre de la producción local termina de consolidar un cambio de estrategia que la empresa había comenzado antes del concurso. En su presentación judicial explicó que parte de la fabricación ya había sido trasladada a Paraguay bajo el régimen de maquila, principalmente para la línea de climatización. Allí, según sostuvo, producir resulta entre 30% y 35% más barato gracias a menores costos laborales, beneficios fiscales y un esquema tributario más liviano. El propio dueño de la compañía, Dante Choi, había anticipado ese giro al afirmar públicamente que no pensaba volver a producir en la Argentina.
Junio profundizó el deterioro comercial
Los números muestran que el deterioro comercial no comenzó con el concurso. Después de vender 62.545 unidades y facturar $3.360 millones en diciembre de 2025, la actividad empezó a desacelerarse. En enero comercializó 49.510 unidades por $2.853 millones; en febrero vendió 33.290 unidades y facturó $1.788 millones; en marzo colocó 32.442 unidades por $1.991 millones y en abril mostró una leve recuperación, con 36.843 unidades y $2.046 millones facturados. Sin embargo, ese repunte no logró sostenerse.
Los informes de junio muestran un nuevo quiebre. Las ventas gravadas pasaron de $2.737,8 millones en mayo a $1.324,5 millones, mientras que el total de ventas cayó de $2.813,7 millones a $1.335,9 millones, una baja superior al 52% en apenas un mes. El total facturado también descendió de $3.439,6 millones a $1.634,6 millones.
La propia empresa explicó el motivo de ese deterioro. Según quedó asentado en el expediente, el gerente de Comercialización informó que «en cuanto a las ventas de los últimos seis meses, se ha reducido a la mitad el precio promedio de los productos, forzado por el mercado, y ello ha tenido impacto directo en la facturación».
La menor actividad también se reflejó en las compras, que acompañaron la desaceleración de las operaciones comerciales. El total pasó de $2.579,3 millones en mayo a $1.830,3 millones en junio.
La presión sobre la caja tampoco cedió. Durante junio la empresa registró ingresos por ventas por $824,3 millones, frente a egresos por $2.326,3 millones, lo que dejó un déficit operativo de $1.501,9 millones. Para sostener la operatoria volvió a recurrir al financiamiento de corto plazo mediante préstamos y descuento de cheques, además de afrontar pagos a proveedores locales y del exterior.
Despidos y retiros voluntarios
El ajuste también siguió impactando sobre el empleo. Al momento de la apertura del concurso preventivo, Goldmund informó una dotación de 158 empleados. Durante mayo se produjeron 10 bajas, mayoritariamente de trabajadores encuadrados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y la nómina se redujo a 121 personas.
En junio hubo otras 12 desvinculaciones, nuevamente concentradas en personal metalúrgico, mediante retiros voluntarios que demandaron casi $89 millones. Así, la empresa cerró el mes con 111 empleados, es decir, 47 menos que al inicio del proceso concursal. La sindicatura también dejó constancia de que la compañía no incorpora personal desde octubre de 2025.
Lo cierto, es que el expediente muestra que la crisis de Peabody va mucho más allá de una reestructuración financiera. Cuando el concurso se abrió en abril, la empresa ya había advertido sobre el deterioro de su negocio, el avance de las importaciones, la subfacturación, la pérdida de competitividad y la decisión de trasladar parte de la producción a Paraguay. Tres meses después, los informes de la sindicatura confirman que ese proceso terminó de concretarse: la histórica marca dejó de fabricar en la Argentina y hoy apuesta a sostener su actividad como importadora y comercializadora mientras negocia con sus acreedores en un mercado que está lejos de reaccionar.
(Ambito)


















