
Unos 16.000 kioscos de barrio cerraron sus puertas en los últimos doce meses en todo el país, según un informe elaborado por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) en base a datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). La caída equivale a una reducción del 14,2% del total de locales formales, que pasaron de 112.000 en 2023 a 96.000 este año.
Desde UKRA señalaron que la crisis está directamente vinculada a una caída del 40% en las ventas interanuales, especialmente en productos clave del rubro. “Vamos a la desaparición del kiosco de barrio, como pasó con los almacenes en los 90”, advirtió el vicepresidente de la entidad, Ernesto Acuña.
Un estudio realizado por NielsenIQ confirmó la tendencia: 89.936 kioscos tuvieron una baja promedio del 16% en su rendimiento durante el cierre de 2024. Las bebidas, que representan cerca del 60% de la facturación del sector, fueron la categoría más golpeada, con una caída del 17%. También se desplomaron las golosinas (-23%), galletitas (-11%) y productos de cosmética y tocador (-3%).
“El kiosco hoy no vive solamente de golosinas y cigarrillos, sino que tiene que reinventarse. Algunos lo tiran hacia librería, juguetería o gastronomía”, explicó Acuña en declaraciones a DM Delta, donde además remarcó el impacto del aumento de costos fijos, como tarifas de servicios y alquileres.
Otra consecuencia de esta crisis es el aumento de la informalidad. Según UKRA, mientras los comercios registrados bajan sus persianas, emergen puntos de venta improvisados: personas que abren una ventana de su casa y comienzan a vender mercadería. Una modalidad creciente en los barrios, ante la imposibilidad de sostener un local habilitado.

















