
El extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, evalúa presentarse como «imputado colaborador» —figura del arrepentido— en la causa que investiga un presunto pedido de coimas, aseguró a su entorno que «teme por su vida» y borró todos los mensajes que intercambió con el presidente Javier Milei y su hermana Karina antes de entregar sus teléfonos a la Justicia.
Según un artículo del periodista Hugo Alconada Mon para el diario La Nación, el exfuncionario oscila entre la furia y la decepción con el Gobierno y transmitió una dura advertencia a sus allegados: «Si yo hablo, armo un quilombo padre».
Tiene miedo y se siente solo. Dice que el Gobierno le envió un emisario que le ofreció dos estudios de abogados. Dice que los rechazó. Pero tampoco resolvió cortarse solo. Oscila entre la furia, la tristeza y la decepción, en especial con Javier Milei, con su hermana Karina, con los Menem y con Sandra Pettovello. Y les cuenta a sus amigos que él hizo lo correcto y que le tendieron una cama, pero que aún así cosechó el destrato de la Casa Rosada. Ahora, Diego Orlando Spagnuolo medita los pasos a seguir.
El saliente titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) calla y espera. Rechaza los llamados de la prensa, mientras un puñado de amigos lo contiene y escucha. Él les cuenta que sólo quería limpiar el área, anular las pensiones mal otorgadas y volver al sector privado con la frente en alto, ya fuera para reabrir su estudio jurídico o escuchar ofertas laborales. Un horizonte, en suma, que la semana pasada se trastocó por completo.

















