
Durante la campaña electoral, Javier Milei instaló un mensaje que conectó con millones de conductores: “Los combustibles están llenos de impuestos. Los voy a eliminar”. Dos años después, la realidad es opuesta: la nafta aumentó alrededor del 600%, pasando de $300 a más de $2.000 por litro, y los tributos no solo siguen vigentes, sino que vuelven a actualizarse con mayor frecuencia.
Desde este 1° de diciembre, entró en vigencia un nuevo incremento derivado de la actualización parcial del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y del Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC). Con el Decreto 840/2025, el Gobierno reactivó los ajustes atrasados y fijó un cronograma escalonado durante diciembre, con un ajuste pleno y acumulado previsto para el 1° de enero de 2026, cuando se aplicarán de una sola vez todas las actualizaciones pendientes de 2024 y 2025.
Estimaciones privadas anticipan que solo por impuestos el aumento será de 71% a 72%, uno de los mayores en muchos años. De esta manera, la política de desregulación vigente desde diciembre de 2023 y las decisiones impositivas empujan el precio de los combustibles a niveles récord.
Aumentos semanales e incertidumbre creciente
La última semana ya mostró un panorama crítico. La nafta Súper y los combustibles premium subieron nuevamente, en algunos casos por cuarta vez en el mes. En estaciones Shell, el gasoil premium superó los $2.000, la V-Power Diésel alcanzó los $2.039, y la nafta premium quedó muy cerca de ese valor.
YPF también aplicó aumentos —aunque algo menores— y Axion acompañó la tendencia con incrementos moderados. En consecuencia, llenar un tanque de 50 litros supera los $85.000 en YPF y roza los $100.000 en Shell. Solo en una semana, la suba llegó a $100 por litro en algunos productos.
La dinámica se volvió previsible: los aumentos llegan cada siete días, generando un clima de incertidumbre en hogares, empresas y sectores productivos. Hoy, los consumidores no saben cuánto costará cargar nafta dentro de un mes, una semana o incluso al día siguiente.
Promesas vs. realidad
Durante la campaña, Milei prometía eliminar impuestos para abaratar el combustible. Hoy ocurre lo contrario:
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los impuestos se actualizan,
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los combustibles aumentan,
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la carga fiscal vuelve a presionar sobre los precios.
La brecha entre el discurso y la gestión profundiza el malestar social y deja a la economía sin capacidad de estabilizarse.
Lo que viene: un diciembre escalonado y un enero explosivo
Diciembre traerá incrementos graduales. Pero enero de 2026 será determinante: el ajuste pleno de los impuestos aplicará de una sola vez todas las actualizaciones acumuladas en dos años. Los analistas anticipan que la nafta volverá a romper récords históricos.
El contraste con la promesa electoral es inevitable:
un Gobierno que dijo que iba a bajar la nafta, hoy habilita subas permanentes; y uno que prometió eliminar impuestos, ahora los incrementa.

















