
Desde 1941, la empresa Lumilagro se dedicó a fabricar termos con sello argentino. Sin embargo, en los últimos dos años el escenario cambió de forma drástica: tras una caída del 50% en las ventas, la compañía modificó su esquema productivo y redujo su estructura laboral.
En ese proceso, la firma desvinculó a 170 trabajadores y decidió dejar de fabricar termos de vidrio en el país. En la actualidad, las ampollas de vidrio se importan desde India y Vietnam, mientras que los termos de acero se producen en China.
Lumilagro fue creada por cuatro familias y hoy es conducida por la cuarta generación de los Nadler y los Suranyi. Su fundador fue Eugenio Suranyi, tío bisabuelo de Martín Nadler, quien actualmente se desempeña como director ejecutivo y dueño de la compañía. Durante décadas, la empresa fue la única fábrica de termos de vidrio de América.
La crisis que obligó a apagar los hornos
La empresa atravesó distintos ciclos económicos a lo largo de su historia, pero la situación reciente obligó a tomar decisiones estructurales. Entre ellas, apagar los hornos donde se fabricaban los termos de vidrio en la planta de Tortuguitas.
Martín Nadler explicó el recorrido de la empresa a lo largo de los últimos años: “hemos pasado malos momentos, en 1999 fue muy grave, nos salvó la crisis del 2001 que devaluó y el tipo de cambio hizo que todas las industrias sean muy competitivas. Desde el 2002 hasta el 2013 fue una muy buena época, en 2012 batimos récord de ventas de termos de vidrio, que era nuestro producto estrella. En 2005 aparecieron los termos de acero trucho de China con tóxicos prohibidos. En 2015 llegó el termo extranjero, hasta ese momento el termo de acero era 4 veces más caro que el de vidrio y la gente no lo aceptaba. Al llegar como aspiracional, nos ayudó a que la gente aceptara los precios”.
Reducción de personal y reorganización de la empresa
En 2013, Lumilagro llegó a tener 300 empleados directos y otros 50 indirectos. Con el paso de los años esa estructura se redujo de manera considerable.
“En 2022 teníamos 220 trabajadores, pero en los últimos dos años tuvimos que reducir el plantel y 170 personas se fueron con retiro voluntario, fue un proceso dolorosísimo. Hoy nos quedamos con 50 personas directas y 50 indirectos. Todos veían la situación, había bajado mucho el volumen demandado. Lloré al despedir a algunos trabajadores que me conocían desde los 5 años, pero entendieron que era por el futuro de la empresa”, explicó Nadler.
La presión del contrabando y la caída del mercado
La caída en las ventas y el ingreso masivo de termos importados fueron factores determinantes en la transformación del negocio. Según Nadler, el mercado argentino consume cerca de cuatro millones de termos por año.
“Se consumen 4 millones de termos anuales en Argentina y sólo de Paraguay ingresaron 4 millones, más lo que ingresa por el norte. Son termos tóxicos y truchos, cuando están en contacto con agua caliente desprenden metales cancerígenos”.
El empresario también cuestionó la falta de controles sobre ese flujo de productos. “Nos preocupa la salud de la gente, el Estado no dedica ni el mínimo esfuerzo para protegernos del contrabando, si bien sabemos que es una política de Estado para bajar el precio de las cosas sea como sea”.
Cómo cambió el mercado del termo en Argentina
El ingreso de productos importados también alteró la estructura del mercado. Históricamente, el termo de vidrio representaba la mayor parte de las ventas de Lumilagro.
“En ventas estamos 50 y 50 entre acero y vidrio, cuando el vidrio siempre fue tres veces más que el acero. Nos golpeó mucho el contrabando. La caída de ventas es del 50%, pese a que cuando hay recesión aumenta la venta de termos porque el mate es de primera necesidad, no importa la situación económica”.
Nadler agregó que, frente a ese escenario, la empresa tomó decisiones para adaptarse al nuevo contexto. “Por todo esto, en nuestra planta de Tortuguitas ya no fabricamos termos de vidrio y bajamos a la mitad la fabricación de termos de acero que hacemos desde hace 20 años”.

















