
El mundo del espectáculo llora la muerte de Alberto Martín. Tenía 81 años y desde hace unos días estaba internado. Su deceso se produjo este sábado 16 por la tarde.
Su salud se vio deteriorada por complicaciones que fueron surgieron hasta llegar a este triste final. En el recuerdo queda lo que le dio al mundo del espectáculo: un legado artístico que quedará para siempre en la memoria de todos.
Luis Alberto Di Feo, conocido artísticamente como Alberto Martín, nació el 8 de mayo de 1944 en San Martín, Argentina. Desde muy chiquito supo cuál iba a ser su camino dentro del medio artístico. A los seis años hizo su debut actoral en la película La muerte está mintiendo (1950). Más tarde, se volcó a la televisión, protagonizando series como Su comedia favorita (1965), Gutierritos (1975) y Los hijos de López (1979–1980), lo que lo llevó a ir consolidándose rápidamente como una figura reconocida en la pantalla chica.
Por el lado del cine llevó una vida versátil, interpretando distintos papeles que lo catapultaron a lo más alto. Su paso por la pantalla grande incluyó títulos emblemáticos como Yo, el mejor (1977), Brigada en acción (1977), Los hijos de López (1980) y ¡Qué linda es mi familia! (1980).En el teatro, brilló en obras como Fantástica, La jaula de las locas y Mi querido Mr. New York, demostrando su capacidad para interpretar tanto comedias como dramas con la misma solvencia.

Por supuesto, le dedicó su vida a la televisión, donde fue parte de otros grandes título que quedarán para siempre en la memoria colectiva. A lo largo de décadas, Martín permaneció vigente en televisión. Su filmografía incluye series icónicas como Alta comedia, Crónica de un gran amor, Mesa de noticias, Los secretos de papá, Solamente vos (2013), Los ricos no piden permiso (2016) y Quiero vivir a tu lado (2017). En los últimos años, participó en el popular ciclo matutino Mañanísima como cocinero, combinando su faceta de actor con su pasión por la cocina. Al lado de Carmen Barbieri, siempre se los vinculó sentimentalmente.

Una faceta poco conocida de Alberto era su pasión por los barcos. Sin ir más lejos, siempre le dedicó más tiempo que a su profesión como actor, sobre todo en las últimas décadas. Tenía un astillero, compraba embarcaciones pequeñas, las reciclaba y luego las vendía.
Lo que siempre remarcó fue lo de estar ocupado. Por su profesión, que arrancó de muy chiquito, se acostumbró a no parar. En su momento por necesidad de generar dinero, luego por costumbre, y más tarde para no pensar en el fallecimiento de Marta.
“Me preguntás por qué me levanto a las siete de la mañana, no lo sé. ¡Al pepe! Pero me armo cosas para hacer porque me gusta estar ocupado. La televisión es una gran distracción y yo miro todos los programas. Pero no soy de estar tirado. Duermo la siesta porque madrugo, pero después estoy siempre haciendo algo. No sirvo para estar quieto”, explicó.
Vida personal y duelo
Uno de sus golpes más duros los recibió en 2018, cuando falleció su esposa Marta. La señora transitó casi una década con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y él siempre estuvo acompañándola. Su partida lo alejó un tiempo de los medios, y estuvo acompañado de cerca por amigos y colegas.
Por supuesto, también se apoyó en el amor de sus tres hijos (María Marta, Juan Martín y Juan Manuel) y cinco nietos (Gonzalo, Lula -que pasó a llamarse Valentín porque pidió un cambio de identidad de género-, Bianca, Luca y Valentina). Al tiempo regresó a la televisión, y sus primeras entrevistas siempre enfatizó en las dificultades para seguir sin su compañera de todasu vida. De hecho, su vuelta tuvo que ver con eso: «Es importante no tener muchas horas libres», declaró en 2019 en Infobae.
Lo que siempre remarcó fue lo de estar ocupado. Por su profesión, que arrancó de muy chiquito, se acostumbró a no parar. En su momento por necesidad de generar dinero, luego por costumbre, y más tarde para no pensar en el fallecimiento de Marta.
“Me preguntás por qué me levanto a las siete de la mañana, no lo sé. ¡Al pepe! Pero me armo cosas para hacer porque me gusta estar ocupado. La televisión es una gran distracción y yo miro todos los programas. Pero no soy de estar tirado. Duermo la siesta porque madrugo, pero después estoy siempre haciendo algo. No sirvo para estar quieto”, explicó.
Más allá de su talento, Martín fue admirado por su autenticidad y compañerismo. Todos los que trabajaron con él supieron resaltar eso. Martín fue, sin duda, un referente del entretenimiento argentino: un actor con un legado versátil y un hombre que vivió con pasión, talento y dignidad.
















