
El 21 de febrero se conmemora un nuevo aniversario de la entronización de la Virgen de Fátima en la gruta ubicada en la rotonda de acceso a la localidad de Pueblo Santa María, un hecho profundamente arraigado en la identidad de la comunidad. La fecha no solo homenajea a los impulsores del monumento, sino que también invita a recordar dos acontecimientos que marcaron a fuego la historia local: la gran sequía de los años 60 y el posterior acontecimiento religioso que movilizó a todo el pueblo.
La sequía que puso en jaque a la región
A comienzos de la década de 1960, Pueblo Santa María y el Partido de Coronel Suárez atravesaron una prolongada sequía que golpeó con dureza a la economía regional, por entonces dependiente casi exclusivamente de la producción agropecuaria.
La falta de lluvias provocó pérdidas de cosechas y mortandad de animales, generando una crisis que encendió la preocupación entre productores y vecinos. Ante ese panorama, los habitantes recurrieron al sacerdote Juan Peter, párroco de la comunidad, para expresar su inquietud frente a una situación que se agravaba con el paso de los meses.
La promesa de fe
Por iniciativa del cura párroco, durante una misa se tomó una decisión colectiva: pedir la intercesión de la Virgen de Fátima para que llegara la lluvia, comprometiéndose los fieles a construir una gruta en su honor si el pedido se cumplía.
La respuesta de la comunidad fue masiva. Misas especiales, rezos y procesiones recorrieron las calles del pueblo, reflejando la profunda devoción religiosa de sus habitantes.
Con el tiempo, llegó la tan esperada lluvia. Los campos reverdecieron, la producción comenzó a recuperarse y volvió la normalidad. Fue entonces cuando el sacerdote pronunció una frase que quedó en la memoria colectiva: “La Virgen cumplió y ahora nos toca a nosotros cumplir con ella”.
La construcción de la gruta

La promesa se concretó rápidamente gracias al trabajo comunitario. Pedro Pin donó dos hectáreas de campo; Mateo Hippener diseñó la gruta; el albañil Pedro Schmidt la construyó; el artista Salvador Schneider pintó los murales laterales y Pedro Cumler se encargó del riego y forestación del predio.
En paralelo, el padre Peter gestionó una réplica de la imagen directamente desde el santuario de Fátima, en Portugal, lugar donde —según la tradición— la Virgen se apareció en 1917 a los pastorcitos Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto.
Una llegada con obstáculos
El arribo de la imagen al país no estuvo exento de dificultades. La estatua fue retenida en la aduana bajo sospecha de que pudiera contener droga en su interior. Tras varios intentos fallidos, intervino el escribano Domingo Nicolás Móccero, quien logró destrabar la situación.
Antes de liberarla, las autoridades realizaron una verificación que incluyó un corte a la altura de la cabeza de la imagen para descartar cualquier irregularidad.
La histórica entronización de 1965
Finalmente, el 21 de febrero de 1965, el repicar de las campanas anunció una multitudinaria procesión que recorrió el pueblo hasta la gruta del acceso.
La Virgen fue llevada en andas, acompañada por carrozas ornamentadas, espigas de trigo, maquinaria agrícola, jinetes y vecinos, en una de las manifestaciones religiosas más recordadas de la región.
Una multitud recibió la imagen agitando pañuelos blancos y banderas argentinas, participando luego de la misa y de la entronización en un evento sin precedentes para esta comunidad de descendientes de alemanes del Volga, donde la fe constituye un pilar central de su identidad cultural.
Una tradición que sigue viva
Desde entonces, los habitantes de Pueblo Santa María mantienen la costumbre de visitar la gruta cada día 13 de mes, especialmente entre mayo y octubre, en recuerdo de las apariciones de 1917.
Cada 21 de febrero, la comunidad vuelve a reunirse para agradecer el “milagro de la lluvia”, participar de la misa en acción de gracias y presentar los frutos de la tierra, renovando pedidos de protección y guía.
La tradición, sostenida por generaciones, continúa fortaleciendo los lazos comunitarios y mantiene viva la devoción a la Virgen de Fátima en la localidad.
*Por Julio César Melchior
Sobre el autor
Julio César Melchior lleva más de 32 años dedicados a rescatar y difundir la historia y cultura de los alemanes del Volga. Actualmente cuenta con cinco títulos publicados y mantiene activo su blog “Hilando recuerdos de los alemanes del Volga”.

















