
Este domingo, el Estadio Luis Slobodianinck fue mucho más que el escenario del clásico ante Independiente: se transformó en el símbolo de la unión, el compromiso y el amor por los colores del Club Deportivo Rivera, que inauguró sus nuevas tribunas en una emotiva ceremonia previa al partido.
El acto fue conducido por Doris Loewy y Nicolás Schapert, quienes abrieron la ceremonia con un mensaje cargado de emoción:
«Esta no es una tarde más de fútbol; es una jornada que se insertará con letras grandes en la historia de la institución», señalaron al dar inicio a un momento que quedará para siempre en la memoria de los hinchas.

Allí recordaron que el sueño comenzó hace un año y medio, cuando, desde la caja de una camioneta un domingo cualquiera, un hincha lanzó la chispa:
«¿Y si hacemos tribunas para estar más cómodos?». Lo que empezó como una idea se convirtió en entusiasmo, y un albañil desde abajo gritó: «dale, dale. Yo me prendo». Ese fue el inicio de una cadena de voluntades que dieron forma al proyecto.
Se organizaron reuniones, campañas para juntar fondos, rifas y eventos. Se compraron los materiales y finalmente, un sábado de enero de 2025, bien temprano, comenzaron a levantarse los cimientos. Todo con mano de obra propia, con el aporte voluntario de socios, hinchas y vecinos.
El corte de cintas y un mensaje que emocionó a todos

Finalizado el discurso, se realizó el esperado corte de cintas, que habilitó oficialmente el acceso a las nuevas tribunas. El acto fue llevado a cabo en simultáneo por el presidente del club, Jonatan Fernández, y el vicepresidente, Alexis Rodríguez, acompañados por colaboradores y miembros del Grupo Tribunas.

La ceremonia cerró con un mensaje final que dejó sin palabras a los presentes:
«Hay cosas que no se compran. Que no se venden. Que no se negocian. Y mucho menos, que se puedan fabricar en serie», se escuchó en el estadio.
«Lo que pasó en este club no se mide en metros de tribuna, sino en historias compartidas, en abrazos, en jornadas de esfuerzo y en el amor por estos colores.»
Mucho más que escalones: identidad, pertenencia y comunidad

Las nuevas estructuras no son solo gradas para sentarse. Son, como se dijo en el acto, «un pedazo de historia escrito por todos los que pusieron su granito de arena»:
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Los que se levantaron temprano para ayudar,
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los que organizaron rifas y juntaron fondos,
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los que cargaron cemento,
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los que acompañaron con un mate y aliento,
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y las familias que bancaron cada ausencia sabiendo que algo grande estaba naciendo.
«Cada estructura tiene nombre y apellido», remarcaron. Porque no es solo una obra: es una muestra tangible de lo que se puede lograr cuando un club late al ritmo de su gente.

«Este club es y será siempre suyo»
Las últimas palabras de la ceremonia lo resumieron todo:
«Las paredes y las tribunas se levantan, pero la identidad y la pasión se sostienen con el compromiso de cada uno que se siente parte. Y eso no lo compra nadie. Hoy el club es un poquito más grande, no por el tamaño de sus tribunas, sino por el inmenso corazón de su gente.»

Con estas nuevas tribunas, el Club Deportivo Rivera no solo sumó infraestructura: reafirmó su identidad, su pertenencia y su fuerza comunitaria.
Una victoria fuera de la cancha que quedará grabada en la memoria del pueblo riverense.
















