
En las vastas y silenciosas extensiones rurales de Rolón, donde el horizonte parece fundirse con el cielo pampeano, florece una historia de amor incondicional, empatía y solidaridad genuina. Cecilia Núñez, trabajadora rural afiliada a la seccional N° 941 de UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), se convirtió en un verdadero faro para los niños que enfrentan el desafío del Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL).
Lo que distingue esta historia es su raíz personal. Cecilia es madre de un niño con TDL, y esa experiencia íntima la impulsó a aprender, investigar y comprender profundamente la condición, para poder brindarle a su hijo las herramientas necesarias para crecer y comunicarse mejor. Pero no se quedó solo en eso: decidió extender ese conocimiento y ese amor a otras familias rurales que atraviesan circunstancias similares.
Un aula improvisada en medio del campo pampeano
Tres veces por semana, Cecilia abre las puertas de su hogar y lo transforma en una pequeña escuela rural, donde ofrece apoyo en el proceso de alfabetización a niños con TDL. Lo hace con calidez, compromiso y una vocación natural por acompañar. Desde su casa, donde la empatía reemplaza al pizarrón y el amor suple cualquier falta de recursos, ayuda a otros niños y a sus familias a recorrer un camino que ella conoce de primera mano.

En contextos donde el acceso a terapias específicas y acompañamiento escolar es limitado o nulo, sobre todo en zonas rurales, el gesto de Cecilia se vuelve inmenso. Es un puente entre el aislamiento y el aprendizaje, entre la dificultad y la posibilidad.
Un reconocimiento que llega desde el gremio rural
La historia de Cecilia no pasó desapercibida para UATRE. Desde la Delegación La Pampa y la seccional N° 941, a la que ella pertenece, decidieron reconocer públicamente su tarea solidaria, realizando una donación de materiales didácticos y útiles escolares. Estas herramientas, fundamentales para estimular el aprendizaje de los niños, fueron entregadas como muestra de apoyo y admiración por su labor silenciosa pero transformadora.

“Agradecemos por tu enorme gesto”, expresaron desde ambas dependencias de UATRE en un mensaje que sintetiza el orgullo gremial ante una afiliada que representa los valores más profundos de solidaridad, compromiso comunitario y vocación de servicio.
Un compromiso que trasciende lo personal
Más allá del apoyo gremial, Cecilia personifica el espíritu solidario de la ruralidad pampeana, donde el esfuerzo colectivo y el acompañamiento entre vecinos siguen siendo pilares fundamentales. Su historia muestra cómo una experiencia personal puede convertirse en una causa colectiva, y cómo el conocimiento y el afecto pueden romper el aislamiento y abrir nuevas oportunidades para niños que, de otro modo, quedarían al margen del sistema educativo y social.
En cada jornada que dedica, Cecilia enseña más que letras y sonidos. Enseña a no bajar los brazos, a mirar con otros ojos, a actuar cuando el Estado no llega. Enseña que la solidaridad no necesita estructuras formales, solo voluntad, compromiso y amor.
(Con información de Diario de La Pampa)
















