
Cada 6 de diciembre se celebra en Argentina el Día Nacional del Gaucho, una jornada dedicada a reconocer a una de las figuras más emblemáticas de la cultura local. La fecha quedó establecida mediante la Ley 24.303, sancionada el 15 de diciembre de 1993 y promulgada antes de fin de ese mismo mes, con el objetivo de rescatar la herencia, los valores y la historia que rodean al gaucho como símbolo de argentinidad.
La elección del día está vinculada directamente con la literatura nacional. En 1872 apareció la primera parte de «El Gaucho Martín Fierro», la obra de José Hernández que retrató con crudeza las injusticias, la vida errante y la persecución sufrida por estos jinetes de la pampa. Aquel poema, sumado luego a «La Vuelta de Martín Fierro», transformó la mirada social sobre el gaucho y lo elevó desde la marginalidad hacia el lugar de emblema popular.
Históricamente, el término «gaucho» se utilizó para describir a los habitantes criollos o mestizos de los campos del siglo XVIII y XIX. Su origen etimológico es discutido, aunque una de las teorías lo vincula al quechua huachu, que significa “huérfano” o “vagabundo”. Las autoridades coloniales solían verlos como cuatreros, vagabundos o sujetos peligrosos, pese a que eran expertos en tareas rurales y vivían marcados por la autonomía y el conocimiento del territorio.
Con el tiempo, su papel en la historia argentina se volvió ineludible. Las montoneras de Martín Miguel de Güemes, apodadas “los gauchos de Güemes”, fueron determinantes en las luchas por la independencia en el Norte del país. Ese protagonismo terminó de consolidar su imagen como símbolo de coraje, honor y lealtad, valores que luego serían reforzados por la literatura, la música y diversas expresiones artísticas.
La creación del Día Nacional del Gaucho también impulsó, en 1996, la formación de la Comisión Nacional del Gaucho, dependiente de la Secretaría de Cultura. Este organismo tiene la misión de preservar y promocionar las manifestaciones culturales vinculadas a la vida gauchesca, una tradición que se mantiene vigente en numerosos festivales y celebraciones locales.
En distintos puntos del país, recuerda Perfil, la conmemoración se expresa mediante desfiles, destrezas criollas, jineteadas, payadas, asados y festivales folklóricos. Estas actividades cobran especial relevancia en zonas rurales y provincias donde el arraigo del campo continúa siendo un componente esencial de la identidad comunitaria.

















