
La confrontación entre el presidente Javier Milei y el periodismo sumó este fin de semana un nuevo capítulo de alta hostilidad, luego de que el mandatario atacara directamente al periodista Luis Novaresio a través de la red social X.
El episodio se desencadenó a partir de una publicación del usuario conocido como “Traductor te ama”, un tuitero de activa militancia libertaria, a la que Milei decidió responder públicamente. En su mensaje, el Presidente no solo avaló las críticas previas, sino que profundizó la descalificación personal hacia el conductor televisivo.
“Me parece que le pusieron mal el nombre a este mercenario… debería llamarse ENSOBRARESIO”, escribió Milei, utilizando un juego de palabras para insinuar que el periodista recibiría beneficios o pautas espurias. Según el posteo presidencial, la postura crítica de Novaresio estaría motivada por una supuesta “pasión por mentir y ensuciar” con el objetivo de ocultar su falta de transparencia.
El mandatario también vinculó las críticas del periodista con un “llanto” provocado, según su interpretación, por el temor a que la ciudadanía conozca el funcionamiento del círculo de la prensa tradicional.

Un clima de polarización extrema
El ataque se inscribe en una serie creciente de señalamientos del Gobierno nacional hacia comunicadores, bajo la lógica de los llamados “periodistas ensobrados”. Esta estrategia discursiva ha generado preocupación en distintos sectores del ámbito periodístico.
Organismos y entidades vinculadas a la prensa reiteraron en las últimas horas su alerta por la estigmatización del ejercicio periodístico, especialmente cuando se trata de voces críticas frente al Poder Ejecutivo.
Hasta el momento, Luis Novaresio no emitió una respuesta formal en sus redes sociales, aunque se espera que realice su descargo en su habitual espacio televisivo.
El mensaje presidencial concluyó con el ya característico “VLLC!” (¡Viva la libertad, carajo!), una consigna que Milei utiliza para cerrar sus intervenciones públicas y que reafirma que el mandatario considera estos enfrentamientos como parte central de su “batalla cultural” contra lo que denomina la casta periodística.

















