Una publicación de Bárbara Peralta se volvió viral en las últimas horas en el sur bonaerense y gran parte de la región, luego de que compartiera el gesto solidario que recibió en una estación de servicio Shell de Pigüé mientras viajaba hacia Viedma atravesando un delicado momento familiar.
Según contó en sus redes sociales, circulaba con el auto en malas condiciones, con el dinero justo para cargar combustible y con una fuerte carga emocional vinculada al estado de salud de una persona muy cercana. En ese contexto, llegó a la estación de servicio donde fue asistida por un playero y por Daniel, el mecánico del lugar.
“No los conozco, pero quería agradecerles de corazón por haberme ayudado a llegar hasta Viedma… Ustedes no sabían que llevaba la plata contada para cada tanque, no tenía más. Lloraba de no entender por qué tanto a mí… Estaba muy lejos de casa, y sin conocerme, no saben cuántos miedos calmaron”, expresó Bárbara en el mensaje que rápidamente comenzó a multiplicarse en redes.
El agradecimiento no estuvo relacionado únicamente con la ayuda mecánica o con la posibilidad de continuar el viaje. Mientras revisaban el vehículo, Daniel le compartió parte de su historia personal y le dejó una reflexión que, según relató la mujer, llegó en el momento exacto.
El mecánico le contó que tiene “un corazón nuevo con 4 bypass” y le dijo que, pasara lo que pasara, siempre tenía que reírse mucho porque “el resto todo se arregla” y “la vida es una sola”.
Aquellas palabras cobraron otro significado cuando Bárbara finalmente arribó a Viedma y se encontró con la persona que más ama atravesando una grave enfermedad.
“Llegué a Viedma y el auto pasó a ser secundario cuando vi a la persona que más amo en una silla de ruedas y la enfermedad consumiéndola… Ahí entendí todo. El auto se tenía que romper y vos tenías que llegar a explicarme, sin conocerme, lo que me había olvidado”, escribió.
A partir de ese encuentro, aseguró haber decidido atravesar la situación desde otro lugar: “Esta vez elegí no llorar, sino hacerla reír”.
La publicación concluye con un agradecimiento que emocionó a miles de personas: “¡Gracias inmensamente DANIEL, MECÁNICO DE LA SHELL, Y AL PLAYERO QUE NO PREGUNTÉ TU NOMBRE!”.
La historia comenzó a compartirse rápidamente y generó una fuerte repercusión por el valor humano del gesto: una ayuda concreta en medio de la ruta y también una palabra justa en un momento de enorme vulnerabilidad emocional.
Con información de Diario El Orden

















