
El Boletín Epidemiológico Nacional, actualizado hasta la primera semana de enero, confirmó que Argentina atraviesa un brote de hantavirus, con especial incidencia en la región centro del país. Las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe se encuentran oficialmente en situación de brote desde julio del año pasado y concentran el 57% de los contagios registrados a nivel nacional.
Según datos oficiales del Ministerio de Salud, si bien durante la primera semana de 2026 no se notificaron nuevos casos, el total acumulado asciende a 58 personas infectadas. La provincia de Buenos Aires encabeza las estadísticas con 35 casos confirmados, el número más alto desde 2019 y más del doble de los registrados durante 2024.
La situación genera especial preocupación por la alta tasa de mortalidad. En territorio bonaerense se contabilizaron 12 fallecimientos, lo que representa una letalidad del 34%, un porcentaje superior al observado en brotes anteriores y considerado alarmante por las autoridades sanitarias.
De acuerdo con el mapa epidemiológico incluido en el informe oficial, el norte de la provincia de Buenos Aires es la zona con mayor cantidad de casos. Los principales antecedentes relevados entre las personas contagiadas son el contacto con roedores y la permanencia o tránsito en áreas rurales o silvestres.
El hantavirus se transmite al ser humano a través de la inhalación de partículas microscópicas presentes en la orina, saliva o heces de roedores infectados, especialmente al ingresar a espacios cerrados, poco ventilados o con signos de infestación.
Ante este escenario, el Ministerio de Salud recomendó al personal sanitario “fortalecer tanto la vigilancia epidemiológica como la sospecha clínica, el testeo y el tratamiento oportuno de los casos con sintomatología compatible”.
Para la población en general, las autoridades insisten en medidas preventivas clave: ventilar los ambientes cerrados, denunciar la presencia de roedores, sellar grietas, orificios, rejillas y cañerías, y extremar cuidados en viviendas rurales o zonas con vegetación abundante. Estas acciones resultan fundamentales para reducir el riesgo de exposición y frenar la propagación del brote.
















