Después de la enorme repercusión que generó la carta publicada por Bárbara Peralta agradeciendo la ayuda recibida en una estación de servicio de Pigüé, habló Daniel Ritter, el mecánico que junto al playero Lucho asistió a la familia cuando viajaba con el auto en malas condiciones rumbo a Viedma.
La historia se viralizó rápidamente luego de que Bárbara relatara en redes sociales que había llegado a la estación Shell con el dinero justo para cargar combustible, atravesando además un duro momento personal y familiar. Allí, según contó, recibió ayuda mecánica y contención humana sin que le cobraran nada.
“No soy un héroe, hice lo que deberíamos hacer todos”, expresó Ritter en diálogo con Diario El Orden y Radio 94.3 de Pigüé, luego de que cientos de personas comenzaran a compartir la publicación y a buscar identificar a quienes la habían ayudado.
El mecánico explicó que la situación comenzó como una reparación más, aunque rápidamente notó la angustia con la que viajaba la mujer. “Uno pasa de arreglar un caño de agua a hacer de psicólogo”, señaló, al describir cómo muchas veces quienes llegan a la estación atraviesan problemas mucho más profundos que una falla mecánica.
Durante ese encuentro, Daniel le habló a Bárbara sobre la importancia de reírse y de no dejar que el dolor lo invada todo. Sus palabras no surgieron al azar: el propio Ritter atravesó una compleja situación de salud y debió someterse a cuatro bypass en la Fundación Favaloro.
En la carta que se hizo viral, Bárbara había contado que el mecánico le dijo que, pasara lo que pasara, debía reírse mucho porque “el resto se arregla” y “la vida es una sola”. Una frase que cobró aún más sentido cuando finalmente llegó a Viedma y se encontró con una persona muy cercana atravesando una enfermedad.
Lo que comenzó como una asistencia en plena ruta terminó convirtiéndose en una historia profundamente humana, marcada por la solidaridad, la empatía y las palabras justas en el momento indicado.
La familia pudo continuar viaje y, según contó Ritter, el sábado por la noche recibió el mensaje que esperaba: habían llegado “diez puntos” a Bariloche.
Lejos de buscar protagonismo, el mecánico insistió en que simplemente actuó como cree que corresponde hacerlo ante alguien que necesita ayuda. Su testimonio terminó de darle rostro y voz a una historia que emocionó a gran parte de la región.
(LB24)


















