
La noche del viernes, la Kehilá de Rivera se vistió de historia y emoción. Ante un salón colmado de familiares, vecinos y representantes de instituciones locales, Arturo Loewy presentó su libro “Historias que deben ser contadas y no olvidadas”.
La apertura estuvo a cargo de Ezequiel Kosak, del Museo de la Colonización Judía. Posteriormente hablaron Doris Loewy y Giovanna Imperatori, hija y nieta del autor, quienes en breves palabras reflejaron el orgullo de la familia por acompañar a Loewy en la concreción de este proyecto.

Acto seguido, el autor tomó la palabra y, visiblemente emocionado, expresó: «dedico el libro a la memoria de mi esposa, Milli Pitcovsky».
“Quiero agradecer la presencia de todos ustedes. Para mí, estar hoy acá es una mezcla de emoción, orgullo y gratitud”, dijo, recibiendo un cálido aplauso.

Un libro nacido del compromiso
En su alocución, Loewy remarcó que la obra es fruto de muchos años de escritura y entrevistas con protagonistas de la vida comunitaria:
“Es el resultado de años de escritura, de muchas entrevistas, de recuerdos compartidos. Nació también como un homenaje a Colonia Lapin, a Rivera y a tantas personas que dejaron su huella en nuestra historia. Pero, sobre todo, es un homenaje a la memoria. Porque recordar es no olvidar”, señaló.
El autor contó que el proyecto surgió de la necesidad de preservar la historia de las colonias judías y de los pioneros que marcaron el desarrollo de la región. “Sentí que no podía dejar pasar más tiempo. Muchas de estas historias estaban en la memoria de los mayores y corrían el riesgo de perderse. Por eso sentí el deber, pero también el deseo, de poner en palabras lo que tantos nos transmitieron”, agregó.
La música como memoria: la Zamba para Lapin, compuesta junto a su esposa Milly, estuvo presente en el evento interpretada en la velada por Ruth Loewy y Aníbal Bresco.
Los ejes de la obra
En sus 142 páginas, distribuidas en 25 capítulos, el libro recorre distintas etapas y dimensiones de la vida comunitaria, tanto de Colonia Lapin como de Rivera contadas por sus habitantes en primera persona:
Colonia Lapin, símbolo de esfuerzo y comunidad
Las primeras páginas están dedicadas a la historia de Colonia Lapin, un rincón apartado pero lleno de vida y cultura. Allí, los inmigrantes levantaron desde cero un proyecto de vida en medio de grandes sacrificios.
Lapin se convirtió en un emblema de perseverancia, donde el ingenio y el trabajo colectivo fueron claves para forjar una comunidad sólida.
Durante la presentación, Rossana Kloster recitó la poesía Los Pioneros, de Chechela Cesseti, en homenaje a quienes sentaron las bases de esta colonia.

El Centro Cultural, corazón de la vida social
Otro capítulo destaca al Centro Cultural Lapin, espacio fundamental para el cine, el teatro, la música y las reuniones sociales. Allí se forjó gran parte de la identidad colectiva de la colonia.
Entre las anécdotas resalta la proeza de 14 vecinos que, con 14 tractores y 14 arados, trabajaron 50 hectáreas en una jornada de solidaridad y compromiso.
También se recuerda a Lácteos La Colonia, ubicada frente al Centro, una referencia productiva y social de la zona.
Maestras rurales que dejaron huella
En el apartado de Historias de vida, se rinde homenaje a maestras rurales como Hilda Uribe, María del Triventi, Aida Ostrovsky, Amelia Ordóñez y Mirta “Milly” Pitcovsky.
Su legado trasciende las aulas y se refleja en cada generación de la comunidad.
El libro también celebra los 100 años de la Escuela N° 9, reconociendo el aporte de las docentes en la formación y el crecimiento de Colonia Lapin.

Voces y testimonios de los vecinos
La obra recopila relatos de vecinos que marcaron la vida comunitaria: Carlos Golberg, Gregorio Dolinsky, Juan Foiguelman, Isaac Greis y Francisco Loewy.
Cada testimonio refleja el compromiso y la solidaridad como valores centrales de la colonia.
La biografía de Francisco Loewy, ciudadano ilustre, fue especialmente ilustrada por el periodista José Luis Ibaldi.

Una zamba para la historia
El libro también incluye una creación artística: la “Zamba para Lapin”, compuesta por el autor junto a su compañera de vida, Milly.
La canción, escrita para el centenario de la colonia, representa un emotivo regalo musical cargado de amor y gratitud hacia la comunidad.
Rivera y sus colonias: una historia compartida
Más allá de Lapin, la obra se detiene en la historia de Rivera y sus colonias, desde la llegada de los primeros pobladores con el apoyo de la Jewish Colonization Association hasta la conformación de instituciones claves.
Se recopilan testimonios, biografías y anécdotas de referentes como Lito Ratusnik, Peti Dorenstein, Abraham Seltzer, Héctor Kunz, Godofredo Moscoso, Los Zorzales, entre muchos otros.
Los clubes, la pasión de un pueblo
En otra sección, Carlos y Tito comparten recuerdos vinculados a los clubes de Rivera, donde reviven la memoria de históricos como Antonio Tejedor, Luisito Slobodianinck, Jacobo Apelanz, Juan Sequeira, Nélido Merigge, Oscar Tieri y Nemesio Balcar.
Un repaso por equipos de fútbol y figuras que marcaron una época, mostrando cómo el deporte también fue motor de unión social.

La huella de la familia Maiert
El capítulo final está dedicado a René Maiert y a su linaje, desde su abuelo Alberto Gutier —uno de los primeros pobladores y constructor de una de las primeras casas de Rivera— hasta su hijo Germán Maiert, símbolo del progreso en la colonización.
Este cierre invita a reflexionar sobre la continuidad de la historia y el legado que aún perdura en las nuevas generaciones.
La memoria como legado
Loewy dedicó el libro a la memoria de su esposa, Milli Pitcovsky, y destacó que el Museo de Rivera haya acompañado la presentación: “Me hace sentir muy bien que este proyecto esté presentado por el museo de Rivera, que apunta a los cimientos de nuestra historia”, afirmó.

El escritor cerró la velada con un mensaje de profundo sentido humano:
“Quiero cerrar simplemente agradeciendo. A quienes compartieron sus historias, sus fotos, sus recuerdos. A mi familia, por el apoyo. Y a ustedes, por estar acá, escuchando, leyendo, recordando conmigo. Ojalá este libro les provoque lo mismo que me provocó escribirlo: emoción, alegría, un poco de nostalgia y, sobre todo, ganas de seguir contando historias”.

El acto concluyó con un gesto simbólico y de gran valor comunitario: la entrega de ejemplares del libro a las instituciones de la localidad, como forma de dejar un registro vivo de la historia en manos de quienes continúan construyéndola, y la firma por parte del autor de ejemplares.

Posteriormente, los presentes compartieron un ágape que permitió cerrar la jornada en un clima de fraternidad, diálogo y reencuentro, reafirmando el espíritu de unidad,


















